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  • Izquierda y derecha: un intento de tipología

    Álex navas [fil 74, phd 89], profesor agregado de Sociología de la Universidad de Navarra

    En opinión de los científicos sociales, «Izquierda» y «Derecha» son conceptos equívocos, pero los ciudadanos los utilizan para situarse en el espectro político. De ahí que tenga sentido intentar aclarar su significado.


    El PSOE, malparado en las elecciones y en las encuestas, celebró en noviembre de 2013 su Conferencia Política. Se trataba de renovarse, de buscar solución, siquiera provisional, a las diversas crisis que afectan al partido. Algunos incluso sugerían una auténtica refundación, un nuevo Suresnes. Al final asistimos a una especie de parto de los montes: bastante ruido para escasas nueces. Rubalcaba consiguió aparcar los asuntos conflictivos —Cataluña, las primarias— y ganar un poco de tiempo. Con alivio y voluntarismo podía resumir: «El PSOE ha vuelto». En lo programático quedaba un giro a la izquierda, un PSOE más rojo, que reafirmaba su identidad atacando a la «derecha desalmada, que hace cosas repugnantes», y a la Iglesia. Ese arreglo meramente cosmético no convenció a los votantes, que en las elecciones europeas de mayo de 2014 propinaron otro varapalo al partido. Rubalcaba se vio forzado a dimitir, pues la situación se había vuelto insostenible. Pedro Sánchez, un dirigente ajeno al aparato, consiguió hacerse con el poder: las crisis tienen con frecuencia un desenlace inesperado y permiten el ascenso de desconocidos (el propio Zapatero llegó a la secretaría general del partido en circunstancias parecidas). Durante estos últimos meses estamos asistiendo a un espectáculo no exento de cierto patetismo: Pedro Sánchez intenta recuperar a toda costa las supuestas esencias socialistas, con un marcado giro hacia la izquierda, acuciado por el inesperado éxito de Podemos y por el previsible reforzamiento de Izquierda Unida (menor del esperado por sus dirigentes, pues también ha acusado la irrupción de Podemos).

    ¿Pero qué significan exactamente izquierda y derecha en el plano político? Los científicos sociales reconocen que se trata de conceptos equívocos, pero las encuestas reflejan que los ciudadanos se siguen sirviendo de ellos para orientarse en el espectro político. De ahí que tenga sentido intentar una clarificación. En la tradición del análisis sociológico presentaré dos tipos ideales, para componer sendos talantes o estilos de hacer política. Seguramente ninguna formación de derecha o de izquierda se reconocerá del todo en este retrato robot, pero espero que sea de utilidad para situarse.

    Dos maneras de ver la sociedad

    Peter Glotz, destacado dirigente socialista alemán, contraponía así las dos posiciones: la izquierda adopta un pensamiento racional y deductivo, habla de derechos humanos y de Estado de derecho, defiende normas universalistas y constituciones, es cosmopolita. La derecha, por el contrario, adopta un pensamiento vitalista, habla de instituciones llamadas a dar cobijo al hombre, defiende el espacio vital y el territorio nacional, opta por la polis.

    Habría bastante que matizar en el análisis de Glotz, pero sirve como punto de partida. La izquierda ve la sociedad como un mecanismo que se puede armar y desarmar a voluntad, como hacemos con las piezas de Lego. Esa plasticidad permite elaborar diseños sociales ideales; para llevarlos a la práctica cabe apostar por la vía pacífica —reformas— o por la revolución violenta. Para la derecha, la sociedad se parece más a un organismo. Por tanto, no es posible descomponerlo en sus elementos sin mutilarlo o matarlo. Esta condición impone límites bastante estrechos a la proyectabilidad social.

    El hombre —como se sabe y acepta desde hace siglos— es un ser social: la persona no puede darse en singular. Al examinar la relación entre la persona y la sociedad se abren dos modalidades: o bien considerar que importa el conjunto social y que la persona debe quedar sometida al todo; o, por el contrario, dar la primacía a las personas y pensar que la sociedad está al servicio de ellas. La primera postura es de izquierda. Así, parece aceptable ver al hombre como determinado por el medio social. Para alumbrar una nueva Humanidad bastaría con manipular adecuadamente las estructuras sociales. Se entiende, por eso, la importancia que la izquierda atribuye al sistema educativo y, en general, a la cultura como herramientas de transformación social. La derecha piensa que el individuo debe asumir la gestión de su propia vida, en un ejercicio de libertad y de responsabilidad personales.

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