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  • El español en Nueva York

    Texto Álvaro Pérez [Com Fia 08]

    Anuncios en castellano, comercios con dependientes latinos, carteles en español en los restaurantes... En Nueva York viven tres millones de hispanohablantes, el mismo número que en Madrid. Por eso en la Gran Manzana hay muchos lugares donde nuestro idioma está vivo.


    El viejo eliseo torres no quería vender sus libros. Sin embargo, cada vez que el editor Abelardo Linares le visitaba en el Bronx se llevaba algún tomo del almacén de cinco plantas. Allí custodiaba el gallego Torres un millón de libros en español, tesoro acumulado a lo largo de medio siglo. Hoy ese monumental fondo bibliográfico está en Sevilla. El mérito es de Abelardo Linares, poeta y fundador de la imprescindible editorial Renacimiento.  Linares adquirió la colección a la viuda de Torres y se dice que cambió doscientas cincuenta toneladas de papel por un millón de dólares. Él no confirma ni desmiente el precio, pero sí asegura que tardó un año en ordenar las obras, la gran mayoría desclasificadas.La librería de EliseoTorres sería hoy un lujo para  la comunidad hispana de la ciudad de Nueva York. Según datos de 2010, el 22 por ciento de los neoyorquinos habla español, pero apenas cuentan con librerías en su lengua. En Queens está Barco de Papel. En el East Harlem, conocido como El Barrio por la numerosa presencia hispana, se encuentra La casa azul-Bookstore. En realidad, no son exclusivamente librerías en español porque también venden libros en inglés si están escritos por latinos.

    Buenos libros en castellano. Las opciones de encontrar en Nueva York una buena librería en castellano son insuficientes para los hispanohablantes. Hay que fiarlo todo a las secciones en español de las grandes cadenas, como Barnes&Noble, o librerías independientes como McNally Jackson, ubicada en el 52 de Prince Street. Esta última tiene, sin duda, la mejor selección de la ciudad, “y de toda la costa este” añade el uruguayo Javier Molea, su responsable.
    Cuenta Molea que otras librerías fracasaron por no identificar bien a su público y centrarse en los inmigrantes hispanos, trabajan catorce horas diarias y apenas tienen tiempo para leer. “Ni tiempo, ni dinero, ni ganas”, explicael librero. Por eso el público de McNally se divide por igual entre iberoamericanos con inquietudes culturales y estadounidenses y extranjeros que aprenden español. Las redes sociales y el boca-oreja han contribuido a crear un clientela fiel “En nuestro listado de compradores tenemos 4.000 personas”.
    Molea trabaja desde 2005 en la sección de español de McNally y se siente orgulloso de ser el “librero de cabecera” de muchos clientes. “Tenemos casi todo lo que vale la pena, pero también damos la oportunidad de presentar y vender sus trabajos a escritores noveles”, explica.
    Pese a la creciente comunidad hispana en la ciudad, Molea destaca la escasez de publicaciones . “Los medios en español realizan una buena labor, pero son mejorables”, afirma. En medio de este panorama, su librería intenta ser un referente cultural y para ello organizan diferentes actividades. En total, unos cien escritores pasan cada año por Nolita, el barrio de esta tienda independiente. Entre otros, Antonio Muñoz Molina, Enrique Vila-Matas o Elvira Lindo. Precisamente, Lindo menciona a McNally en su obra Lo que me queda por vivir: “En ese lugar está uno de los libreros más vocacionales, talentosos y trabajadores que he conocido, Javier Molea”. Él confirma que trabajar en McNally es un privilegio que le ha permitido conocer a escritores como el nobel Mario Vargas Llosa, “algo que jamás hubiese soñado”.
    Otros de los faros del español en Nueva York es el Instituto Cervantes. Esta institución, creada por el Gobierno de España en 1991, promociona el castellano y la cultura hispana en todo el mundo mediante 77 delegaciones en 44 países de los cinco continentes.
    Una de las actividades más famosas del Instituto Cervantes es el “Día E”, jornada anual dedicada al castellano desde 2009. La fiesta presenta la gran variedad cultural de los países de habla hispana. Para ello, se organizan en plena calle actividades familiares, performances, firma de libros y otros actos lúdicos y gastronómicos.

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