• Temas
  • Un doctor honoris causa que ha cambiado la historia de la Iglesia

    Redacción NT.

    El 31 de abril de 1998 el entonces cardenal Joseph Ratzinger recibió el reconocimiento como doctor honoris causa de la Universidad de Navarra. Junto a él, fueron homenajeados el economista norteamericano Julian Simon y el farmacólogo holandés Douwe Breimer. Su paso por el campus, con sus tertulias en los colegios mayores Goroabe y Belagua o su visita a Clínica, forma ya parte de la historia de la Universidad de Navarra.

    Momentos previos. El cardenal Ratzinger y monseñor Echevarría en el Rectorado, antes de la investidura.

    En 1998, el profesor Pedro Rodríguez, decano de la Facultad de Teología, fue el padrino en la proposición del cardenal Joseph Ratzinger como doctor honoris causa de la Universidad de Navarra.

    Del entonces cardenal, y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se destacó su inteligencia “y su manera vigorosa nde hacer Teología”. En aquel momento nada hacía presagiar su elección, en 2005, como papa con el nombre de Benedicto XVI.

    Hoy puede confirmarse que algunos de sus mensajes en el campus de la Universidad han constituido las líneas maestras de su pontificado. “El camino de la Teología se encuentra bien expresado en la fórmula Credo ut intelligam: acepto un presupuesto previamente dado para encontrar, desde él y en él, el acceso a la verdadera vida, a la verdadera comprensión de mí mismo”. De este modo definió el cardenal Ratzinger en su investidura el camino que debía seguir la Teología católica para ocuparse del fundamento de la vida humana. Asimismo, defendió el papel de la Sagrada Escritura como “la Palabra, que nos ha sido dada como presupuesto, la que está en el centro de los esfuerzos de la Teología, no está aislada […] ni es solamente un libro. Su sujeto humano, el Pueblo de Dios, está vivo y se mantiene idéntico consigo mismo a través de los tiempos”. “La Escritura”, añadió, “es portadora del pensamiento de Dios”. Y por tanto “es misión del Magisterio no oponerse al pensamiento, sino dar voz a la autoridad de la Respuesta que nos ha sido entregada, y crear así espacio para la Verdad misma que viene a nosotros”.

     

    Continúa en pdf.