Vehículo eléctrico frente a conocimiento

Enrique Jiménez Larreaabogado y exDirector General de IDAE, Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía. 


La iniciativa del impulso del vehículo eléctrico surge en España muy tardíamente y en el marco de las políticas de eficiencia energética y de impulso a las energías renovables y no desde una estrategia tecnológica o industrial, como en otros países de nuestro entorno. Ni los Planes Nacionales de Ahorro y Eficiencia Energética (2005-2007 y 2008-2012) ni el Plan de Fomento de Renovables citaban, entre las medidas de mejora de la eficiencia energética y de impuso a las energías renovables, a los vehículos eléctricos, (solamente los propulsados por gas, hidrógeno y por los biocarburantes).

Con la crisis del petróleo de 2008, el Gobierno impulsó el proyecto “Movele”, de demostración de la viabilidad de la introducción de flotas de vehículos eléctricos en algunos municipios españoles, y en la consideración, adicional, del vehículo eléctrico como una tecnología facilitadora de una participación, muy relevante, de energías renovables “no gestionables” en España.

El proyecto Movele pretendía alcanzar, al final de 2010, la puesta en circulación de 2.000 vehículos eléctricos. A día de hoy apenas habrán sobrepasado los 1.600 vehículos, debido, básicamente, a la escasa oferta. Recientemente se ha abierto una nueva línea de ayuda dentro del llamado “Plan Integral para el Impulso al Vehículo Eléctrico en España”

La planificación energética española para 2020 contempla un objetivo de 2.500.000 de vehículos eléctricos, cifra que, en principio, puede parecer voluntarista, pero no imposible, en un escenario de medio plazo.

Por otra parte, las cifras que se contemplan de electrificación del transporte por carretera, en los documentos relevantes de la UE, AIE e IPPC, para 2050, resultan difícilmente contrastables por su alcance temporal y porque se hacen desde la exclusiva perspectiva de los requerimientos energéticos y medioambientales. España es el segundo fabricante europeo de vehículos, sin embargo ninguno de sus centros direccionales son españoles, por lo que resultará difícil que a medio plazo se asigne a nuestro país un papel relevante en la producción de vehículos eléctricos, en el actual contexto internacional.

Sin embargo, la batalla de la penetración del vehículo eléctrico estará más asociada a la evolución, aprendizaje, conocimiento y ritmo de penetración de las tecnologías inteligentes, en los entornos urbanos, y en el logro de una gestión integrada de todos los subsistemas y recursos físicos limitados, que a la deriva del sector de automoción. Por todo ello, quizás, la apuesta de país debería ir hacia el conocimiento y la tecnología destinados a una gobernanza inteligente de sistemas o subsistemas urbanos, ante un cambio de ciclo global.