Uno entre cien mil


17 de febrero de 2011

Ventolín en vena

Hoy Guzmán ha amanecido como ayer. A tope de energía. Esta mañana, al terminar un ciclo de quimio, al cabo del cual le suelen limpiar la vía con una inyección de suero, hemos experimentado qué ocurre cuando se reemplaza, por error, el suero por ventolín: Guzmán casi se ha desmayado, Eva lo ha cogido en brazos, a la pobre enfermera casi la tienen que atender, el niño se ha puesto blanco, el ritmo cardiaco le ha subido a 200 pulsaciones por minuto, le han monitorizado y puesto oxígeno, “por prescripción médica” ha estado viendo dibus durante cuatro horas (reposo), y esta tarde, jugando en la habitación, parecía que se había tomado siete solomillos con clembuterol. Siento que esto que la vida ha decidido traernos hoy, nos ha dejado dos aprendizajes positivos. Uno, que Guzmán en su vida va a superar lo que no superen cien mil. Aquí estamos, esperando a lo que la vida quiera traernos, con los brazos abiertos, con un ejército preparado, cargado de amor y sin ningún rencor. Y dos, justo eso: cien por cien amor y cero rencor. Ante un suceso como este, no siento nada de rabia, ira o resentimiento. Aunque resulte difícil de entender, más bien todo lo contrario. Siento –mejor dicho, Eva y yo sentimos– una profunda gratitud y respeto a todos y cada uno de los que, día tras día, dedican su trabajo, su esfuerzo y su vida a que Guzmán sane. A nuestro hijo lo tratan a diario con una gran profesionalidad, pero también con dosis ingentes de cariño, comprensión y humanidad. Y como humanos, todos podemos cometer errores. Entendemos que estés, que estéis, compungidos y afectados por lo que ha ocurrido. Pero queremos que sepáis que estamos contigo, tanto como tú y tus compañeros estáis todos los días con nuestro pequeño Guzmán. Creo firmemente que sólo con amor conseguiremos sacar adelante esta lucha, así como creo que la mayor manifestación de amor que conozco es estar agradecido, tal y como me siento. Me gustaría pensar que si el curso de los acontecimientos hubiera sido otro, mis sentimientos seguirían siendo de esta manera. Pero por suerte, esto no lo sé. Lo que sí sé es que la vida nos quiere regalar más tiempo con Guzmán, y que mañana nos vamos a casa para seguir disfrutando de esa sonrisa a todo tren.

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