Una vida en Europa


Una firma para la historia. Manuel Marín González (Ciudad Real, 1949) ha admitido más de una vez que es perfeccionista hasta el extremo, rígido, que prefiere “el orden y el método”. Repasando su trayectoria parece que siempre tuvo un objetivo: Europa. Estudió Derecho en la Universidad Complutense, se doctoró en Derecho Comunitario en la Universidad de Nancy (Francia) y se diplomó en Estudios Europeos en el Colegio de Europa en Brujas (Bélgica). Fue el diputado más joven del Congreso en 1977, con 27 años, por el Partido Socialista. Su oportunidad llegó en 1982, con la victoria de Felipe González, cuando fue nombrado Secretario de Estado para las Relaciones con la Comunidad Europea. Desde entonces su nombre figura en momentos clave de la democracia española. Primero, negociando la adhesión de España a la Comunidad Europea. Después, con el objetivo cumplido, estampando su firma en el ansiado Tratado de Adhesión, que se firmó en el Salón de Columnas del Palacio Real, el 12 de junio de 1985. 

Político ‘vintage’. En Europa lo fue casi todo: comisario de España ante la CEE, vicepresidente de la Comisión Europea, responsable de Empleo, Asuntos Sociales y Educación, y –ya en la época de Jacques Delors–, de Pesca, Cooperación para el Desarrollo y Cooperación Económica con el Mediterráneo y Oriente Medio. El regreso a España no resultó fácil. En 2000 volvió a ser diputado por Ciudad Real y tras la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 pasó a presidir el Congreso, una responsabilidad que llegó a exasperarle en varias ocasiones, debido en parte a su perfeccionismo por aplicar un reglamento que trató de reformar en vano, y en parte a la dureza de los enfrentamientos dialécticos, lo que él llamó “política de trinchera”. En 2008 dejó la política para investigar el cambio climático. Evita entrar en polémicas y asegura que pertenece a dos destacadas instituciones: la escuela estoica más importante de España, el Atlético de Madrid, y el sector vintage de la política, al que se incorporó, según cuenta, tras recitar las meditaciones de Marco Aurelio y leer El arte de prudencia, de Baltasar Gracián. También es profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y presidente de la Fundación Iberdrola.