El poder de la reprogramación celular


En 2006 el científico japonés Shinya Yamanaka revolucionó el mundo de la ciencia al conseguir, por primera vez, reprogramar una célula adulta para hacerla regresar al estado que tenía en el embrión (estado que se conoce como pluripotencial, ya que puede dar lugar a cualquier tipo de célula). El avance —que le hizo merecedor del Premio Nobel en 2012— resultó trascendental porque abría un nuevo mundo de posibilidades en el tratamiento y la curación de prácticamente cualquier enfermedad. Al mismo tiempo, su puesta en práctica dejó entrever algunas limitaciones: muy pocas células son capaces de reprogramarse completamente y de hacerlo al mismo tiempo, de modo que cuesta controlar ese proceso.

Este hándicap podría haber llegado a su fin gracias al trabajo de un grupo de científicos israelíes que, según publicó la revista Nature, ha logrado elevar la eficacia de la reprogramación casi al cien por cien (es decir, que todas las células que crecen en un frasco de cultivo sean pluripotenciales en una semana) y que lo hagan al mismo tiempo, solo con silenciar un único gen. Su traslado a posibles tratamientos con células pluripotenciales humanas será la nueva barrera que los investigadores tratarán de rebasar en los próximos años.

La bioingeniería también es un área en expansión en el campo de la investigación con células madre. En concreto, en la búsqueda del impulso que dirija a estas células a la creación de las estructuras en tres dimensiones que puedan dar lugar a órganos artificiales válidos para trasplantes. Nadie imaginaba que la señal para que todas las células se organicen podría venir de una pequeña descarga eléctrica, tal y como ha mostrado Nature Materials. La metodología, al parecer, ya funciona con grandes grupos de células y de manera más inmediata tendría otras aplicaciones, como acelerar la curación de las heridas, donde resulta vital que distintos tipos de células migren a la zona dañada.

Conseguir que una célula cambie de función ha constituido otro hito en el área de la Medicina regenerativa. Ejemplo de ello es el trabajo que mostró Cell Metabolism sobre la transformación de células madre del tejido graso a las que se pudo «engañar» para que se convirtieran en células hepáticas. El estudio confirmó que esa grasa «extra» puede tener una gran utilidad en la regeneración del hígado: un órgano imprescindible que, en ocasiones, se debe trasplantar y que ahora se podría recuperar. De hecho, la experimentación en la que se basó este artículo demostró la utilidad de las células procedentes de una liposucción para que los ratones del estudio restablecieran entre un diez y un veinte por ciento de las células de su hígado.

Si las células madre son capaces de renovar cualquier tejido, ¿qué pasaría si las inyectáramos directamente en un órgano dañado? Dicho y hecho. Un grupo de científicos alemanes trasplantó las células madre del cordón umbilical de un niño de dos años con parálisis cerebral nueve semanas después de producirse la lesión. Cuatro años después, aseguró Case Reports in Transplantation, el niño come, camina con ayuda y forma palabras sencillas. Se trata de un caso aislado, pero ilustrativo del enorme potencial que las células madre han comenzado a desplegar.