A un paso de la cura definitiva de la diabetes


Millones de personas en el mundo sufren diabetes. La enfermedad se presenta en dos versiones: la forma juvenil, debida al ataque del propio sistema inmune contra las células que fabrican la insulina, hormona encargada de controlar el nivel de glucosa en sangre; y la forma que aparece en los adultos, donde el problema radica en el agotamiento de las propias células fabricantes de insulina, las células beta, que se localizan en el páncreas. 

Precisamente la investigación para curarla se centra en regenerar las células beta para que estas vuelvan a funcionar con normalidad. Sin embargo, lograrlo resulta más complicado de lo que se pensaba: las células beta obtenidas a partir de células madre tienen una vida limitada y no proliferan. Un grupo de investigadores del Instituto Gladstone de California puede haber encontrado la salida al laberinto con un estudio que ha logrado curar la enfermedad por completo en ratones. Mediante el uso de distintos «cócteles» convirtieron las células de la piel de los ratones en células madre, y estas, en células progenitoras pancreáticas (especializadas en regenerar este órgano concreto). Al trasplantarlas en ratones de laboratorio con diabetes, comprobaron que la glucosa en sangre volvía a niveles normales, y a las ocho semanas del trasplante las células progenitoras se habían convertido en auténticas células capaces de segregar insulina.

Esa increíble capacidad regeneradora de las células madre es también la base de otro trabajo rompedor a cargo del Instituto Danés de Células Madre. Sus científicos han encontrado un modo innovador de engañar a estas células para que se auto-organicen y formen pequeños orgánulos que recuerdan al páncreas, y que también cuentan con las células fabricantes de insulina dañadas en los enfermos de diabetes. Al ratificar que las células madre necesitan «tocarse» para recibir las señales que les permiten unirse, lograron crear mini páncreas partiendo de grupos de tan solo cuatro a diez células.

En el campo del conocimiento de la propia dolencia, uno de los proyectos más asombrosos ha concluido que es posible predecir la aparición de la enfermedad con hasta doce años de antelación. La revista Journal of Clinical Investigation comparó un grupo de voluntarios sin diabetes durante cinco años y descubrió que los valores elevados del ácido 2-aminodipídico se asocian, además, con un riesgo hasta cuatro veces mayor de sufrir diabetes tipo dos. 

Padecer la enfermedad se ha asociado, asimismo, a otros problemas, como la obesidad. No obstante, un estudio reciente publicado en PNAS puso en duda este argumento cuando describió la acción de una nueva bacteria, Akkermansia muciniphila, que desaparece del intestino de los ratones cuando se les somete a una dieta de engorde y que, al suministrársela después, evita que los ratones acumulen grasa y provoca que respondan mejor a la insulina, con independencia de lo que estos coman. Si este argumento se confirma, transformará por completo el modo de combatir la obesidad en las personas y, por extensión, la propia diabetes.