Lucía Baquedano: “Después de los padres, es el maestro quien debe encauzar bien a un niño”

La protagonista de Cinco panes de cebada podría ser la maestra ideal. Sin embargo, la autora de la novela asegura que conoce a muchos maestros como Muriel

Lucía Baquedano

Es difícil medir el alcance de una novela. De Cinco panes de cebada se podría decir que se han vendido cerca de 200.000 ejemplares, pero el dato no permite imaginar el entusiasmo que el relato ha despertado en muchos de sus lectores. En Google se pueden encontrar 120.000 entradas tecleando el título. Algunas conducen a páginas y blogs escolares donde los alumnos más decididos afirman con rotundidad que ha sido el mejor libro de su vida. Lucía Baquedano lo escribió en 1960, cuando tenía 23 años y trabajaba en una oficina de Pamplona. La novela cuenta la historia de una joven maestra que se estrena en un pueblo de la montaña navarra. Muchas maestras rurales han encontrado un eco de sus propias vidas en las páginas de la novela, a pesar de que la autora asegura que el personaje es sólo fruto de su imaginación. Muriel, en cualquier caso, tiene algo de icono, de maestra ideal.

¿Hasta qué punto es importante un buen maestro en la educación de un niño?

Tan importante que puede ser la base de la educación. Un niño bien formado tiene más posibilidades de empezar los estudios secundarios con interés, y tras los padres, es el maestro quien debe encauzarlo bien.

¿Hay realmente maestras y maestros como la Muriel de Cinco panes de cebada?

Aunque los tiempos han cambiado y no creo que los maestros de hoy tengan necesidad de pintar la escuela con sus propias manos o crear una biblioteca sin ayuda alguna, conozco a muchos maestros tan entregados como Muriel.

¿Hubo alguna persona concreta que le inspirara el personaje?

El personaje es sólo fruto de mi imaginación.

¿Tuvo buenos maestros en su niñez? ¿Recuerda a alguno en especial?

Tuve una excelente maestra, María Ibáñez, a la que recuerdo con respeto y cariño. Seguí tratándola hasta que murió.

Cinco panes de cebada despierta cierta nostalgia, como si las circunstancias que rodean la historia ya no fuesen posibles en esta época de videojuegos y actividades extraescolares. 

La nostalgia es posible, porque efectivamente todo ha cambiado, pero no creo que debamos añorar aquella época ya que los adelantos, incluso el bienestar económico, favorecen la educación. Con respecto a las extraescolares y los videojuegos de los niños de hoy, tendremos que esperar unos años para ver el resultado. A lo mejor nos llevamos una sorpresa.

¿Cuándo y cómo escribió el libro?

Escribí Cinco panes de cebada hacia 1960, sin ningún propósito determinado, sólo porque  me gustaba escribir. Elegí el mundo rural porque disfrutaba en el pueblo de mi padre a donde iba con frecuencia.

¿Ha encontrado a maestras que se hayan visto reflejadas en la historia de Muriel?

Muchísimas. Tantas, que incluso al leer el libro han dado por supuesto que también soy maestra y que la historia es vivida. Según dicen, he descrito no sólo su experiencia en escuelas rurales, sino incluso sus sentimientos.