La muerte de la Virgen (1605)


Fue una pintura que causó escándalo en Roma. Aunque aún faltasen muchos años para el dogma de la Asunción, ya existía la tradición de que la Virgen marchó en cuerpo y alma al Paraíso. Sin embargo, Caravaggio la representa “demasiado humana”: con el vientre hinchado, una mano indicando al suelo, los tobillos al aire, rodeada de un entorno humilde y, como único símbolo de santidad, un discreto halo. El dolor de los Apóstoles por la pérdida de un ser querido no es exagerado, sino contenido, acercándose así también en este sentido a la realidad de la muerte. La polémica arreció cuando se supo que, como en tantas otras ocasiones, el Merisi había utilizado como modelo a una prostituta que se había ahogado en el río Tiber. Esta obra supone la ruptura definitiva de la pintura sagrada con el idealismo irreal de las tendencias precedentes.