La cruzada del padre Firas

El padre Firas (izquierda) guía a un grupo de visitantes.

Tras su visita a Tierra Santa en mayo de 2009, Benedicto XVI convocó una Asamblea Especial para Oriente Medio que se celebrará el próximo octubre. El documento del Vaticano sobre el que los asistentes reflexionarán mientras preparan el encuentro dice: “La ocupación israelí de los territorios palestinos hace la vida diaria difícil con respecto a la libertad de movimiento, la economía y la vida religiosa (el acceso a los lugares santos depende de los permisos militares, que se garantiza a unos y se deniega a otros aduciendo razones de seguridad)”. El padre Firas da fe de las palabras del Vaticano. “De 85 sacerdotes que forman el Patriarcado Latino, 75 son jordanos, por lo que a veces no obtienen el visado para llegar a destino, y los que lo consiguen encuentran grandes dificultades al renovarlos y al intentar acceder a los lugares santos de Jerusalén”. El padre Firas lideró su propia cruzada cuando el 2 de octubre de 2003, a los tres días de instalarse en el poblado de Abud, recibió la comunicación del Ejército israelí de la expropiación de tierras para construir una verja. “Eso significaba acabar con los olivos y los acuíferos que mantenían a las familias”, señala. Dos días después se volcó en una campaña internacional, que comenzó con una audiencia en el Vaticano y culminó, tras infinidad de gestiones, en el Congreso de Washington. Frente al Comité de Relaciones Internacionales, el padre Firas lamentó que “las autoridades militares (israelíes) buscan confiscar tierra de los residentes de Abud para quedársela y construir una barrera de seguridad. La orden la dieron sin consultarlo con sus propietarios, un procedimiento esperado en cualquier gobierno democrático”, ironizaba. Poco después escribió una carta a la secretaria de Estado americana Condoleezza Rice, quien, a su vez, la mostró a su homóloga israelí Tzipi Livni. Como resultado, cinco senadores norteamericanos visitaron el poblado de Abud. Sin embargo, nada cambió. “En 30 años han confiscado 600 de las 1.600 hectáreas del poblado”, afirma Firas con resignación. Los redactores de Kilmetuna esperan poder entregar en mano el documento al Papa antes de junio para que también se tenga en cuenta en el encuentro del próximo octubre.