Carlos Hugo (1930-2010), el último aspirante al trono


Carlos Hugo de Borbón-Parma, fallecido en Barcelona el pasado 18 de agosto, fue el octavo pretendiente del carlismo al trono de España. Cuando su padre, don Javier, asumió la sucesión carlista, comenzó también su preparación para llegar al trono, en la que se incluyó el cambio de nombre y el aprendizaje del español, así como su inmersión en la realidad española. En 1957 se presentó públicamente en la concentración de Montejurra, en la cual asumió la condición de Príncipe de Asturias. En esos años se dio a conocer, a través del contacto directo con la población, y mediante el impacto en la opinión pública (trabajo en una mina, curso de paracaidismo, encierro de Pamplona). Quienes le trataron en aquella época destacaban su magnetismo  personal, que ayudó a mantener la fidelidad dinástica de muchos carlistas, incluso pese a los cambios que bastantes rechazaban. Especialmente relevante fue su boda con la princesa Irene de Holanda en 1964. Sin embargo, sus opciones al trono eran escasas, como quizá ya le manifestó Franco en la entrevista que ambos mantuvieron en 1962. Pese a todo, mantuvo sus aspiraciones y actividad hasta 1968, cuando el régimen expulsó de España a la familia Borbón-Parma. Aunque el cambio estaba ya en marcha, desde ese momento el carlismo se colocó frente al franquismo. En 1969, Juan Carlos de Borbón fue designado Príncipe de España y el carlismo inició los contactos con la oposición, encabezados por Carlos Hugo o sus hermanas: María Teresa, Cecilia y María de las Nieves. Los primeros setenta fueron turbulentos incluso en la propia familia, especialmente a partir de 1975, cuando se produjo la abdicación del patriarca y la asunción por Carlos Hugo de la pretensión dinástica. El enfrentamiento de dos formas de entender el carlismo, encarnadas en los dos hijos varones de don Javier, fue especialmente duro en Montejurra 1976. A partir de entonces Carlos Hugo pasó a ser presidente del Partido Carlista y a presentarse como candidato del mismo en las elecciones de 1979, aunque a fines de ese año abandonó el partido y se marchó de España. En 1981 se divorció de Irene de Holanda. Ya había obtenido la ciudadanía española, pero sólo comenzaría un cierto regreso a fines de los años ochenta, aunque nunca con aspiraciones políticas o dinásticas, limitándose a diversos actos conmemorativos.