Ataques al turismo


Conocido como “Arabia Escondida”, Yemen figura hoy como “destino no recomendado” en los boletines de los ministerios de exteriores de Occidente, que prefiere mantener a sus ciudadanos alejados de la amenaza.

Sin embargo, perdido en la magia de la ciudad vieja de Saná, declarada patrimonio mundial por la UNESCO en 1986, nada indica que uno se encuentre en el epicentro de “la nueva amenaza global”. Las callejuelas se retuercen plagadas de pequeñas tiendas y alzando la vista los ojos se funden en los muros de barro de unas casas que parecen una maqueta de chocolate negro y blanco elaborada por el mejor artesano del lugar. Los golpes al turismo, a base de atentados y secuestros, no han logrado extinguir el ansia viajera de algunos extranjeros que desafían la negatividad informativa que rodea al país y las advertencias de las embajadas. Lo mismo ocurre con los estudiantes de árabe que eligen Saná como punto estratégico donde poder aprender y practicar un idioma prácticamente limpio de contaminación foránea. 

Un grupo de turistas españoles aterrizó en verano de 2007 en Saná para realizar un viaje de aventura de 25 días, sus vacaciones soñadas por la “Arabia Escondida”, como aseguraba el folleto de la agencia Banoa, organizadora del circuito. Sus planes se truncaron cuando apenas habían discurrido cuatro días. Tan solo habían podido disfrutar de Shihaba, Shibam, Kawkaban, Manakha y Maareb. Les quedaban largas jornadas de todoterreno, de espectaculares amaneceres y de acercamiento a las costumbres locales… pero el sueño árabe se quebró cuando un conductor suicida se estampó contra su convoy el lunes 2 de julio de 2007. Ocurrió a media tarde, a la salida del templo de la mítica reina de Saba, en Maareb. Ocho turistas y dos yemeníes murieron tras una explosión que causó heridas a otros cuatro turistas y dos conductores. 

En una economía basada en los ingresos del petróleo, Yemen produce 300.000 barriles diarios, y ante los estudios que indican que en 2017 se acabará el crudo, la industria turística se presenta como la alternativa ideal. “El país lo tiene todo para atraer al extranjero”, asegura un diplomático consultado, “pero sin seguridad, no hay turismo”. Pese a la mala prensa internacional las autoridades hacen el cuento de la lechera y prevén la llegada de “un millón y medio de turistas en 2015”.