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  • Un café con el rector

    Redacción NT

    Alfonso Sánchez-Tabernero (Salamanca, 1961) es el primer  rector de la Universidad de Navarra que también es antiguo alumno. Catedrático de Empresa Informativa, en Pamplona ha sido estudiante, residente de un colegio mayor, doctorando y profesor. También decano de la Facultad de Comunicación y vicerrector. Afronta con su conocido optimismo el reto de gobernar una institución singular y en esta entrevista muestra su carácter directo y profundo. Sin rehusar ninguna pregunta y sin calcular ninguna respuesta. Con la cercanía del verdadero comunicador.


    ¿Qué hace un rector?
    Velar por avanzar en las tres cosas importantes en la universidad: docencia, investigación y asistencia sanitaria. Dedico la mayor parte de mi tiempo a reunirme y leer información de los directivos de la universidad. Es decir, de los directores de los servicios y los decanos de las facultades para ayudarles a que hagan bien su tarea principal: enseñar, atender pacientes o investigar. Otros se dedican a servir a los que hacen eso: el servicio de admisión pone en las aulas alumnos; el servicio de relaciones internacionales consigue convenios para que los alumnos se puedan ir a otros lugares; el servicio de becas ayuda económicamente al que no tiene dinero... Además hay otras tareas secundarias, como las relaciones institucionales; si hay nuevo comandante militar de la plaza de Pamplona, viene y saluda al rector, por ejemplo. Son buenas relaciones que hay que tener entre las instituciones, pero que no son directamente el fin de la universidad.

    ¿Cuánto tiempo lleva toda esa labor?
    A esa tarea uno puede dedicar cuarenta horas al día... si el día tuviera cuarenta horas. La tarea de dirigir es como el humo de una habitación: si se duplica el espacio de la habitación, el humo sigue llenándolo todo. Dedico todo mi tiempo a dirigir, excepto dos momentos que reservo para dar clase y para investigar, los viernes de cuatro a siete y media.

    ¿Por qué no ha dejado de dar clase?

    Me parece importante que el rector viva la realidad de la universidad, y la realidad fundamental de la universidad es la docencia y la investigación. Si una persona deja el contacto con los alumnos, se puede convertir en alguien que teoriza acerca de lo que debe ser eso, sin vivirlo. Sería poco razonable que diera muchísimas horas de clase, porque sería un desorden, pero dar algunas clases me parece muy útil. Esa es la razón principal, pero confieso que hay una razón secundaria: me gusta, me divierte.

    En una organización, a medida que uno está más alto, tiene una perspectiva que abarca más cosas, tiene más información... Aunque ya antes era vicerrector, ¿qué perspectiva, o qué cosas nuevas se ha encontrado?

    No he encontrado casi nada que no conociera, porque llevaba siete años en el rectorado, y el gobierno de la universidad es un gobierno de equipos, no hay nada relevante que decida solo una persona. No he descubierto un territorio desconocido. Lo descubrí hace siete años cuando llegué al rectorado, eso es verdad. Efectivamente, estar en el órgano de gobierno superior de la universidad te da una visión de conjunto. Lo que cambia es que, al ocupar el puesto de rector, muchas veces, la decisión final es del rector. He estado siete años yendo al despacho del rector a decirle: “Hay que hacer esto”, “Tenemos que avanzar aquí”, “No podemos pararnos”... sabiendo que yo tenía las espaldas cubiertas porque, al final, podía ser imprudente, pero el rector tenía la responsabilidad última de las decisiones. Ahora la situación es distinta, porque esa persona me toca ser a mí durante un tiempo. Lo que ha cambiado no es la visión de conjunto, pero sí la perspectiva. En mi caso, se trata de ser prudente, y a la vez, ser yo mismo. Quien dirige no puede intentar ser otro, o dirigir como otro. Entre otras cosas porque cuando a uno le eligen para dirigir, se entiende que es para que sea él mismo, no para que sea la copia de alguien. Con lo cual, intento poner mi carácter, mi modo de ser, mi modo de enfocar la vida y la dirección al servicio de la universidad. ¿Cómo consigue ser prudente una persona a la que no le gusta eternizarse en el análisis? Pues es todo un desafío. Eso es lo que sí ha cambiado.

    Ha dicho que reserva una parte de su tiempo para la investigación. ¿Qué investiga ahora mismo?

    Mi campo es la dirección de compañías de comunicación. A lo largo de mi vida he investigado dos cosas: la estrategia de crecimiento de las empresas –cuáles son los procedimientos mejores para incrementar la presencia en otros mercados; internacionalización, diversificación, integración vertical y horizontal, etcétera– y qué hay que hacer para elaborar productos de calidad. Como en este momento las compañías tienen una situación económica o financiera tan endeble, llevo unos años más orientado a esta segunda cuestión. Ahora mismo, en mi equipo de investigación analizamos la calidad de las empresas de televisión, de la oferta televisiva o de la oferta audiovisual.

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