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  • Atapuerca, tesoro inagotable

    Texto Antonio Mencía [Com 84] Fotografías Cortesía del Museo de la Evolución Humana

    En el verano de 2007, en el nivel TE9 de la Sima del Elefante, se encontró una mandíbula que, tras su estudio, confirmó la presencia de una nueva especie del género Homo en la sierra burgalesa de Atapuerca. Nada menos que 400.000 años antes de lo constatado hasta ese momento con los restos de Homo antecessor. Esa sima es el primer yacimiento que el visitante se encuentra en el camino de la Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca y es el conjunto de restos más antiguos y más numerosos de Europa. José María Bermúdez de Castro, uno de los codirectores de esta investigación científica, asegura que será clave en el futuro, aunque ya ha cambiado todas las teorías sobre los primeros pobladores de Europa.


    Aún hoy la mandíbula está sin calificar y provisionalmente está asignada al Homo sp (forma parte del género Homo, pero sin precisar la especie). Se calcula que perteneció a un individuo de unos 20 años que vivió hace 1,2 millones de años y se aproxima a los Homo más antiguos de África. Fue encontrada junto a otros restos, como una falange y varias herramientas de sílex.

    Aún conocemos poco de esta nueva especie, ni siquiera si pertenece a la misma de los homínidosdescubiertos en Dmanisi (actual República de Georgia) y que son de hace 1,8 millones de años. Los restos de la parte anterior de la mandíbula (llamada técnicamente “sínfisis”) de aquellos georgianos presentan importantes similitudes con laspiezas halladas en Atapuerca y apuntan a que ya comían carne. Sin embargo, la parte posterior se parece más a los fósiles localizados en yacimientos asiáticos (como el de Java), que están siendo revisados por los paleontólogos.

    Estos vestigios de homínidos –y también de animales, en su mayoría roedores– de Atapuerca se han localizado en un mismo nivel, por lo que la antigüedad del estrato TE9 de la Sima del Elefante rondaría los 1,4 millones de años. Paralelamente, los investigadores han recurrido a la contundencia del método paleomagnético de datación de restos, que les está ayudando a precisar aún más sus hipótesis. Por ejemplo, se ha constatado que las partículas minerales halladas en los niveles inferiores de la Sima del Elefante (del TE7 al TE16) presentan una polaridad inversa a la actual. Es decir, se depositaron en la llamada época Matuyama, un periodo correspondiente al Pleistoceno Inferior que se extendió desde hace 1,7 a 0,78 millones de años.

    Durante esa época, según describió el científico japonés Monotori Matuyama, se produjo un cambio de polaridad en el campo magnético de la Tierra.Debido a las altísimas temperaturas que provocó ese fenómeno, las partículas minerales también adoptaron la nueva polaridad, convirtiéndose en pequeñas brújulas prehistóricas para los científicos actuales.

    Pero volvamos a la mandíbula de Atapuerca. Este fósil apareció también acompañado de herramientas de sílex talladas de manera similar a las del yacimiento más antiguo del mundo, que se encuentra en la Garganta de Olduvai (Tanzania). Por tanto, los útiles de Atapuerca tienen, como mínimo,1,2 millones de años, lo convertiría al Homo sp en el primer europeo.

     

    Fósiles de un millón de años en el museo de la evolución. Durante más de treinta años de excavación, han aparecido en Atapuerca decenas de miles de fósiles,que se estudian en centros paleontológicos de todo el mundo, aunque los más importantes son el IPHES de Tarragona, el Carlos III de Madrid, y el Cenieh de Burgos, donde trabajan los tres codirectores del proyecto, premios Príncipe de Asturias. La importancia de los yacimientos de la sierra burgalesa no procede solo del hallazgo de esta mandíbula, ya que con anterioridad se han encontrado restos de los modos de vida existentes desde el Pleistoceno inferior (más de 1 millón de años) hasta el Holoceno (desde el 10.000 a. C. a la actualidad).

    Los vestigios más importantes de homínidos, animales e industria lítica (cantos tallados, lascas, etcétera) hallados en la Trinchera del Ferrocarril se encuentran expuestos en el Museo de la Evolución Humana de Burgos (MEH), diseñado por el arquitecto español Juan Navarro Baldeweg e inaugurado en 2010. En sus 12.000 metros cuadrados se explica la historia de la especie humana desde hace seis millones de años.

    En sólo tres años, el denominado Sistema Atapuerca (museo, yacimientos y parque arqueológico) ha superado el millón de visitantes, y su impacto internacional está fuera de duda. El Museo de la Evolución Humana es el eje divulgativo de todo el proyecto, realizado a partir del guión científico definido por los tres codirectores del yacimiento arqueológico de Atapuerca: José María Bermúdez de Castro, Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga.

    En el módulo inferior del museo, en condiciones especiales de luz y temperatura, se distribuyen los fósiles originales más interesantes de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. Este el motivo que hace único a este centro: los más de doscientos fósiles expuestos son originales. Desde el Homo sp al Homo sapiens pasando por el antecessor, el heidelbergensis. Sin embargo, para probar el poblamiento de este territorio durante más de un millón de años, solo faltan fósiles deneandertales, una de las aspiraciones de los excavadores, pues ya se han hallado piezas de industria lítica de esta especie que se extinguió mientras convivía en España con el Homo sapiens. De los primeros bifaces (útil de piedra de forma almendrada con dos caras muy afiladas) a piezas de cerámica de gran belleza.

    Al antecessor se le conoce como El Chico de la Gran Dolina, porque la mayoría de sus restos son de homínidos jóvenes encontrados en ese yacimientodel TD6 de la Trinchera. Gracias a esos fósiles sabemos que los habitantes de Atapuerca de hace 900.000 años practicaban el canibalismo ydescuartizaban con habilidad los animales que cazaban. Su canibalismo era en parte alimenticio y en parte demográfico. Es decir, se comían a los niños de las tribus rivales para debilitarlas, y también por necesidad. Convivían con osos de las cavernas o leones y animales en los que antecessor era prácticamente por su situación el último de la cadena alimenticia, prácticamente carroñeros, y no estaba en condiciones de disputar las piezas con los grandes depredadores. En esa sierra, y en esa época, hay que sumarles también hipopótamos, rinocerontes o nutrias poblando Burgos.

    Ser comedores de carne les permitió tener un buen desarrollo infantil y juvenil, hecho que se conoce gracias al buen estado de la dentina y el esmalte de sus dientes. Su buena alimentación les permitió tener una altura media de 175 centímetros, dato calculado a partir de los huesos del pie encontrados de antecessor (última especie común a los neandertales y heidelbergensis). Por tanto, podemos afirmar que la estatura del género Homo se ha mantenido estable en los últimos dos millones de años.

    La reconstrucción del ecosistema en la que vivió el hombre de Atapuerca hace un millón de años indica que la sierra era entonces un vergel. Por tanto, los enfrentamientos territoriales para dominarlo eran constantes. También por el botín que los ganadores podían ganar, generalmente la comida de los vencidos… cuando no los propios vencidos. Visto con ojos actuales, unas actitudes salvajes, pero que garantizaron su supervivencia.

     

    De homo antecessor a la sima de los huesos. El Museo de la Evolución Humana también alberga numerosos fósiles de la fauna que convivió con el Homo antecessor en Atapuerca. Animales que sorprenden al visitante como hipopótamos, rinocerontes, elefantes, jaguares, osos, bisontes, ciervos o nutrias. El hallazgo de restos de homínidos mezclados con restos de leones (algunos de 300 kilos de peso), perros salvajes y panteras revela que los primeros eran seres robustos y que estaban organizados como para competir con ellos por el dominio del territorio y por la supervivencia.

    La sorpresa del visitante aumenta al llegar al espacio dedicado a la Sima de los Huesos, un yacimiento que forma parte de la épica de la arqueología mundial. Entre otras razones porque es el mayor depósito fósil de una especie, en este caso el Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales.

    La Sima de los Huesos es una pequeña cámara en la base de un pozo de trece metros de profundidad ubicado en la Cueva Mayor y se piensa que sirvió como cementerio y lugar de culto a los difuntos. Allí se encontró en 1992 el “Cráneo número 5”, conocido popularmente como “Miguelón”. Aunque no se sabe si era varón o mujer, sus 175 centímetros de altura y sus 95 kilos apuntan a que fue un macho.

    “Miguelón” es el cráneo fósil más completo del mundo y se descubrió en una cavidad dentro de un complejo de galerías en la sierra. Su nombre es unhomenaje al pentacampeón del Tour de Francia, Miguel Induráin, cuyas gestas deportivas eran el momento de relax de los arqueólogos y paleontólogos que descansaban viendo el Tour.

    La comunidad científica mundial se quedó aún más asombrada cuando, en esa misma campaña de 1992, aparecieron los cráneos números 4 y 6. Con cierto humor los bautizados como “Agamenón” y“Rui” –en honor de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, figura emblemática de la Historia de España–.

    También se custodia en el MEH la famosa pelvis de “Elvis” –un homínido de hace medio millón de años que murió anciano–, la conocida como “Mano X” o el bifaz Excálibur. Todos ellos son fósiles auténticos, pueden verse en esta sala del tesoro del museo burgalés y están acompañados de otros restos de homínidos u osos de las cavernas, que aún expuestos tras una vitrina impresionan por su corpulencia.

    En estos últimos años se han encontrado más de seis mil fósiles humanos, la gran mayoría en lafamosa Sima de los Huesos. En menos de dos décadas de excavaciones han aparecido una treintena de individuos.

    Todavía las perspectivas de excavación en el futuro se cuentan por decenas de años, hay lugares por descubrir y otros por finalizar. En primer lugar por la riqueza de los depósitos, pero también por las campañas anuales que, pese a durar solo seis semanas, reúnen a dos centenares de paleontólogos y estudiantes.

    Precisamente por ambos motivos el número de fósiles humanos encontrados en Atapuerca supera a cualquier otro del Pleistoceno, donde solo una pequeña cantidad de yacimientos proporciona fósiles humanos. Más extraño aún es hallar depósitos que sobrepasen la media docena de homínidos. En consecuencia, el número de individuos de cada muestra es muy bajo, lo que dificulta la valoración de los resultados y su extrapolación. Sin embargo, en Atapuerca es posible obtener conclusiones firmes, como demuestran las decenas de tesis doctorales realizadas y los centenares de artículos publicados en las principales revistas científicas internacionales (Nature, Science, PNAS y Plos One, entre otras).

    El MEH de Burgos también presenta a sus visitantes uno de los hallazgos más intrigantes para los paleontólogos. Un hacha de piedra encontrado en 1998, que es la única herramienta existente en la Sima de los Huesos, junto al resto de fósiles de homínidos. Se trata de un bifaz de cuarcita roja, material que no se podía extraer del propio lugar,trabajado de forma simétrica a ambos lados de la lasca y que está sin usar. La talla, a la que se ha llamado Excálibur, es del tipo achelense(científicamente llamado “industria de modo 2”), que se inició hace 1,6 millones de años y llegó hasta el año 100.000 a. C.

    Este bifaz podría haber sido depositado de forma intencionada junto al resto de los fósiles de homínidos, por lo que el equipo de investigación que lidera Arsuaga piensa que bien podría haberse convertido en el primer enterramiento de la humanidad, y el bifaz una ofrenda.

    Las primeras herramientas achelenses se encontraron en Kenia y fueron usadas por el Homo ergaster, pero también aparecen en yacimientos de la Sierra de Atapuerca diferentes a la Sima de los Huesos. Su presencia es clave porque herramientas como Excálibur eran regalos a alguno de los difuntos enterrados. Esto indicaría la existencia de una mente simbólica y reflexiva, preocupada por los problemas eternos (la vida, la muerte, etcétera) y capaz de tener sentimientos. Es decir, de seres humanos como nosotros. No solo en lo físico, sino también en lo espiritual.

     

    Un museo de cuatro plantas. Si bien, en la planta -1 del Museo están los principales fósiles originales encontrados en  la Sierra de Atapuerca, el Museo de la Evolución Humana ofrece para el visitante otras tres plantas, las dedicadas a la evolución biológica, a la evolución cultural o al medio ambiente, en ellas se puede desgajar desde la importancia del fuego, hasta un repaso por la historia del arte rupestre en España y en el mundo, o por las principales herramientas utilizadas por los primeros cazadores recolectores, agricultores y ganaderos del Planeta.

    En la galería de los homínidos, el gran trabajo de la francesa Elisabeth Dayness, hace que prácticamente podamos entablar un diálogo con algunos de los homínidos que han poblado fundamentalmente África, Asia o Europa, desde Lucy, el primer australophitecus que se puso de pie, pasando por Homo habilis, el chico de Turkana, el Miguelón burgalés, o Homo rodhesiensis, el ancestro del Homo sapiens. Sobre un mapa y en un vídeo se puede comprobar la gran migración que se produjo desde África hace menos de doscientos mil años hacia el resto del mundo, cuando nuestros tatarabuelos poblaron la tierra. Es con los sapiens cuando solo una especie humana ha convivido en el mundo. Y es precisamente con los sapiens cuando menos se han preocupado por el medio ambiente, es un mensaje que también para los que se acercan al Museo intenta exponerse.

    Durante dos horas, las familias que se acercan a Burgos o a los Yacimientos, donde hay visitas guiadas a lo largo de todo el año, pueden conocer los aspectos principales de la historia más cercana, aquellos que tienen que ver con el género Homo, con sus habilidades y con su mente. En el MEH, un cerebro realizado por cables, y con efectos de luz y sonido, en el que el visitante puede entrar, y realizado por Daniel Canogar, nos recuerda qué nos diferencia del resto de las especies.