Javier Marrodán

Presentación

Un periodista ejemplar

El 18 de febrero de 1977, el periodista y escritor Indro Montanelli, en aquel momento director de Il Giornale Nuovo, pronunció en el Aula Magna de la Universidad de Navarra una conferencia sobre la situación política de Italia. Calificó de “fracaso” los treinta años de democracia que sumaba su país, denunció el “absoluto conformismo” de políticos y ciudadanos, y terminó con un mensaje dirigido muy especialmente a los estudiantes de Periodismo que le escuchaban: “El periodismo –les dijo– no puede ser para ustedes como un oficio. O es una misión, o no es nada” . El 17 de noviembre de 2001, casi veinticinco años después, en el mismo escenario, la Facultad de Comunicación distinguió con el premio Brajnovic al periodista Miguel Gil Moreno de Mora, asesinado un año antes en Sierra Leona. Lorenzo Milá, entonces responsable de Informativos de La 2, fue el encargado de entregar el galardón a Pato Macián, la madre de Miguel. “Miguel Gil era algo más que un joven aguerrido o heroico –dijo Milá en el Aula Magna–. Su empeño fue convertirse en la voz clamante de aquellos que no podían gritar aunque atravesaban el peor momento de su vida. El compromiso con la verdad del sufrimiento de los más débiles era ese algo más que Miguel aportaba al trabajo de grabar imágenes y transmitir información”.

Existe una relación muy estrecha entre ese “algo más” que Lorenzo Milá atribuyó al trabajo de Miguel Gil y el sentido de “misión” que Montanelli proponía a los futuros informadores. No hay dudas sobre la calidad de las imágenes que fue grabando Miguel en las últimas guerras del siglo XX, y que merecieron algunos premios muy relevantes, también cuando él aún vivía, pero todas las personas que le conocieron y le trataron coinciden en otro aspecto: no era un periodista como los demás. Él no habló de “misión” para referirse a su trabajo, pero sí que se sirvió del periodismo para tratar de mejorar el mundo que le había tocado vivir, para comprometerse con “el sufrimiento de los más débiles”. Y eso fue lo que le hizo bueno y distinto, por encima de su destreza con una cámara o de la oportunidad o el dramatismo de las escenas que filmó. El idealismo y la audacia que caracterizaron a Miguel Gil son también patrimonio de otros muchos periodistas que han dado lo mejor de sí mismos a la profesión. Lo llamativo de su caso no es tanto que se propusiera mejorar el mundo como el hecho de que realmente lo consiguiera.