Presentación

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Madrid, jóvenes y futuro

El domingo 22 de agosto, a la vez que muchos de los asistentes a la JMJ emprendían el viaje de regreso sus países, algunos jóvenes se dirigieron desde el aeródromo de Cuatro Vientos hasta la madrileña Puerta del Sol, donde se había convocado un “encuentro” entre peregrinos y miembros del movimiento 15M con el fin de “fomentar el diálogo”. Las fotografías de prensa revelan que la reunión no fue multitudinaria, pero descubren un cierto denominador común. Una chica que había asistido poco antes a la misa celebrada por Benedicto XVI explicó a los presentes que ella había participado en actos y asambleas del 15M, e instó a los miembros de este movimiento a no tener nada en contra de los peregrinos. Por su parte, una “indignada” señaló que la asamblea conjunta era una “excelente noticia” y que suponía “un pequeño paso” que podría hacer reflexionar a todos “de cara al futuro”.

De lo que no cabe duda es de que el futuro tendrá una relación directa con lo ocurrido en Madrid en el año 2011. Hoy, varios meses después de aquellas asambleas multitudinarias que encontraron un eco alentador en la prensa de todo el mundo, el llamado 15M se ha convertido en un fenómeno complejo. Conviven en su seno grupos de idealistas que aspiran a oxigenar las instituciones y colectivos que agrupan a desengañados de distinto signo. Entre los reunidos en Sol y en tantas otras plazas españolas hay jóvenes que han descubierto un cauce en el que por fin se encuentran cómodos y otros que han encontrado en esas sentadas urbanas el escenario propicio para dar rienda suelta a sus frustraciones o a su ira. Hay indignados de diferentes procedencias y también hay indignados de los indignados igualmente heterogéneos, pero lo que parece claro es que el fenómeno está teniendo un alcance que nunca hubiesen imaginado aquellos pioneros que acamparon en Sol al terminar la manifestación celebrada el 15 de mayo.

Curiosamente, algunas de las propuestas y de las ideas que se trataron en los primeros días de las acampadas guardan un parentesco estrecho con varias de las ideas que Benedicto XVI viene proponiendo al mundo contemporáneo. Sólo con la encíclica Deus Caritas est o con la entrevista que concedió al periodista Peter Seewald –publicada en forma de libro bajo el título Luz del Mundo– se podría componer una antología de propuestas y de reflexiones que hubiese entusiasmado a muchos de los indignados. Por eso bastantes de ellos están en el fondo –lo sepan o no– tan cerca de los peregrinos que acudieron a la JMJ. Las dos iniciativas se abordan en este número de Nuestro Tiempo: ambas han tenido su capital en Madrid, han movilizado a cientos de miles de personas y, cada una en su ámbito, están llamadas a tener un protagonismo destacado en el futuro.