José Antonio Vidal-Quadras

Ecos

La última clase de Pedro Lozano

Mi gran amigo Pedro Lozano Bartolozzi llenó el aula más grande de la Facultad con sus 70 años cumplidos y sobre todo con su gran corazón. Quiso dar su última clase de Relaciones Internacionales y  le salió una “aventura verbal” que me pareció  caleidoscópica, enciclopédica y cansadísima porque los asientos de diseño son incómodos y yo todavía no estaba bien.

Había convocado a sus 120 últimos alumnos  para examinarles de su asignatura. Entraban en el aula muy moscas al verse acompañados por más profesores, y una extraña mezcla de señoras y señorones, léase mujer, hijos, vecinos, amigos de la fauna periodística, cofrades, socios del Ateneo, de Napardi, “pe-te-uves” y representantes de todos aquellos a quienes alcanza su cordial carácter, su bien humorada generosidad, su permanente serenidad y admirable sentido del humor. Pedro, conocido por su afición a los disfraces y a sorprender al prójimo, se nos presentó luciendo sus mejores galas, vestido de chaqué. Al día siguiente un desconocido le paró en la calle  y le felicitó por haber demostrado su buen gusto al ir contra corriente de la tendencia  de tantos universitarios a bajar el nivel de su vestuario. Y para sorprender a sus alumnos, que esperaban un aprobado general, dijo: “Es rotundamente falso que vaya a dar aprobado general… También daré notables y sobresalientes”. Entusiasmo y fuerte aplauso general.

Después, el profesor habló en rara catarata, como corresponde a quien ha publicado nueve libros científicos, quince de literatura, además de ser coautor de cuarenta y tres más, siempre con altura de miras. Acabó, también muy contento, con el orgullo de haber trabajado, año a año, con cuarenta promociones de alumnos. Y añadió : “No  os digo que la función ha terminado, sino todo lo contrario: ¡Arriba el telón! ¡Contad la Historia!”.