María Eugenia Tamblay

Presentación

El goce de escribir

“Escribo para olvidarme de las mujeres”, dijo alguna vez Jorge Luis Borges. El gran escritor argentino reconocía así que usaba la escritura como un instrumento terapéutico para curarse de sus desamores, para distraerse de aquella desdicha que le llevó a formular una confesión desgarradora: “He cometido el peor de los pecados: No he sido feliz”.

En este número de Nuestro Tiempo, los protagonistas de nuestro reportaje de portada nos muestran que el ejercicio de escribir puede tener un fin curativo inmenso, pero no para olvidarse del amor ni para jactarse del “goce de estar triste”, como hacía Borges. Al contrario, estas madres y padres escriben para recordarnos que aman y que son felices junto a sus hijos, aquejados de enfermedades o discapacidades que los hacen únicos y especiales, tan únicos y especiales como son los hijos de cada uno de nosotros. 

Con gran sabiduría, Javier Marrodán, autor del reportaje, optó por replegarse y dejar hablar a los protagonistas de estas historias, sin intermediarios, adornos ni aderezos. Los testimonios que recoge revelan con todas sus fuerzas unas realidades que nos refuerzan en el valor de la vida, de la dignidad humana, de la búsqueda de la alegría incluso en medio de la adversidad. Como decía Picasso sobre su proceso creativo, Javier no busca; encuentra, y su hallazgo merece ser apreciado con recogimiento. 

Suceder a Javier Marrodán en la dirección de Nuestro Tiempo representa un desafío profesional pero también humano, como podrán comprender todos aquellos que le conocen y valoran la madera de la que está hecho. Otro gran reto es preservar la identidad de Nuestro Tiempo, una escuela de periodismo dentro de la Facultad de Comunicación, una plataforma de divulgación para los profesores de la Universidad, un vínculo con los graduados y, sobre todo, una revista comprometida con la verdad y la excelencia, que surca la actualidad en busca de temas trascendentes, en un ejercicio de periodismo que aspira a transmitir valores y mejorar la sociedad, bajo el convencimiento de que las buenas historias pueden ser un revulsivo en las mentes y los corazones de las personas.