Joseluís González

Dos veces cuento

Blowing In The Wind

Medir la anchura de un río debe de ser complicado. ¿En qué estación conviene ponerse con la trigonometría y los instrumentos de medición? ¿Cuando el deshielo se desboca? ¿En la estrechez de los estrictos meses de eso que los libros llaman “el estío”? ¿Mejor en esos días aciagos en que el agua impone su dominio y recupera su propiedad para anegar sus riberas y sus pertenencias? ¿En la alegría propia de la primavera y de la vida y las otras cosas? ¿Cuándo? ¿Dónde? Cualquier becario de un laboratorio objetará que puede obtener el caudal con no muchas dificultades. Pero esa no es la anchura del río. Queremos el cauce.

No he podido disponer de la matemática ni del azar para elegir una única pieza de Cuento hasta cuarenta, subtitulada sinceramente Galería de relatos bravos, breves, brevísimos, fulgurantes, completamente degenerados que compuso Federico Bravo hasta 2008. Gracias a una buena amiga común, Margari García Oscoz, he conocido el “mecanoscrito”. Y me ha costado decidirme por uno entre la cuarentena. El primero es hábil y vetustamente posmoderno. Se titula “Contracción de texto” y dice en una sola línea: “La heroica ciudad dormía la siesta: el vientre viscoso y frío de un sapo”.

“Blowing in the Wind” no lo hubiera imaginado el compositor de esa maravilla de canción que es “Knockin´ on Heaven´s Doors”. Una caudalosa frase comienza con una conjetura —“Dicen”— para enzarzarse en desenredar qué pudo ocurrir en el aire de un crimen y que el narrador mire los hechos con una mente menos judicial, aunque el vuelo de la verdad sólo tenga explicaciones para el pasado y tarde treinta años inútiles, sin desembocar en el mar de la vida, ni el oleaje del odio, en querer descifrar qué ocurrió y qué era el presente. En esa magnitud del tiempo, que cuesta tanto medir como la anchura de ciertos ríos. Y Marcus y su apellido simétrico que tal vez le gustaría a Tintín, esos sustantivos abstractos —violencia, porfía, perversidad…—, ese tronco cansado de todo el corazón.

Inteligente, Federico Bravo, licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Navarra (1984) y por la de Burdeos, doctor por esa institución bordelesa, catedrático de Lingüística y Semiótica de esa misma Université de Bordeaux III, director de GRIAL (Groupe Interdisciplinaire d´Analyse Litterale), autor de estudios lingüísticos y de monografías sobre el exemplum medieval, Quevedo, Tirso, Lope, César Vallejo, Juan Benet, Valle-Inclán, Alejo Carpentier, Lorca, Cernuda, publicó el año pasado el libro Le discours poétique de Miguel Hernández (1910-1942)

A ver si un editor valiente sabe leer y bracear Cuento hasta cuarenta. Desde esta orilla lo leeríamos, con Marcus y posiblemente con Oddity y sus otros personajes y rarezas.

 

BLOWING IN THE WIND

Dicen que murió ahogado, pero si se atragantó desayunando en el jardín fue porque, después de tantos años odiando al desaparecido Marcus Sucram con una violencia y una porfía que rayaban en la perversidad por el asesinato de su amada Oddity salvajemente acuchillada con treinta y siete puñaladas en el cuerpo, al ver ahora cómo una urraca que emprendía el vuelo con una cuchara en el pico la largaba en la chimenea de la casa vecina con la precisión de un avión de caza, de repente comprendió cómo había podido venir a parar al fondo del pozo de su jardín, treinta años atrás, el puñal cuyas huellas incriminaron al bueno de Marcus, que siempre clamó su inocencia y al oír de cuya condena a veinte años de reclusión criminal cayó fulminado por un ataque al corazón como un viejo tronco alcanzado por el rayo.

Federico Bravo (Cuento hasta cuarenta, inédito)