José Antonio Vidal-Quadras

Ecos

Artistas honoris causa

El 27 de octubre, el Edificio Central de esta Universidad apareció como lo más lucido del Curso. La autoridad de nuestro Gran Canciller, monseñor Javier Echeverría, llenó de alegría a las tres figuras que vinieron a recibir los doctorales honores tan merecidos de sus actividades científicas, artísticas y profesionales.

De entre los que, a lo largo de los años recibieron la investidura de Doctor Honoris Causa en esta Aula Magna, recuerdo a otro gran artista, a Rafael Frübeck de Burgos, director de la Sinfónica de Viena y de la de Berlín, doctorado por el segundo Gran Canciller, monseñor Álvaro del Portillo, el 29 de enero de 1994, que falleció dos meses después, el 23 de marzo. 

Después de aquel gran músico, ahora los máximos honores han recaído en el ya famoso pintor Antonio López. Desde hace años ha sido conocidísimo en nuestras aulas de Arquitectura, porque cada verano enseñaba a grupos de alumnos los secretos del arte de la pintura. En estas páginas del número pasado, nuestra redactora jefe, Sonsoles Gutiérrez, y el fotógrafo Manuel Castells, describieron el mundo de su penúltima exposición en el Museo Thyssen, y sus conversaciones en el taller de pintura que Antonio López y Juan José Aquerreta mantuvieron en Pamplona. Ahora en Bilbao, en el Museo de Bellas Artes, se vuelve a disfrutar de sus cuadros.

Es el más notable representante del realismo contemporáneo español, y fue en 1985 Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y Premio Velázquez de las Artes Plásticas en 2006. Nació en Tomelloso (Ciudad Real), estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, viajó a Italia, fue profesor encargado de la Cátedra de Preparatorio de Colorido en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, y en 1993 fue nombrado miembro de número de la Academia de San Fernando.

A músicos y pintores se unen años tras años sabios e intelectuales.