Joseluís González

Dos veces cuento

Apelativos

Supe de la existencia del escritor italiano Dino Buzzati (1906-1972) gracias al inolvidable Peter de Miguel.

Buzzati, con talento para el dibujo y la pintura y para la música, fue periodista, tuvo que ser doctor en Derecho casi por exigencias familiares, colaboró asiduamente en el diario milanés Corriere della Sera, para el que trabajó de corresponsal, y dejó publicada una amplia y sin embargo interesante obra. 

Sabía  internarse en la experimentación, se asomaba al valor de los símbolos en lo que escribía —a mí eso me resulta casi siempre artístico a condición de que se relate  una historia convincente—, formaba atmósferas firmes, con cuerpo, en sus narraciones y servirá siempre —creo yo— de ejemplo de un hombre inteligente y culto que escribe bien y con singularidad y que transmite ideas. Un intelectual escritor. Ahora no sobran.

En un libro suyo de 1966 insertó este texto que va enhebrando mediante frases con apelativos la historia completa de una vida. Como comprobará usted, Buzzati se ejercita en un caso de “progresión”, para lograr, a base de una concentración expresiva máxima, un resultado narrativo: el efecto de una escueta biografía y el poso y el rastro de alguien en este mundo. Esas frases con vocativo y entonación que deberá poner el lector, desde los cariñosos e infantiles arrumacos hasta las lamentaciones de las despedidas, hacen que el protagonismo recaiga más en quien oye que en cuantas voces se relevan para hablar. Los apelativos retratan. Sentencian. Buzzati, buen maestro europeo de narradores… (Peter, amigo de verdad y hombre de verdad). “Yo juego a que te creas que te creo“.

APELATIVOS

—¡Ángel de mi vida!
—¡Duérmete, cosa bonita!
—¡Pero cállate de una vez, pelma…!
—¡A usted se lo digo, al borrico ese de la tercera fila!
—¡Un imbécil, eso es lo que tú eres!
—¿Y estas son horas de volver a casa, tesoro?
—¡No, por favor, suélteme, señorito!
—¡Arriba, despierta, gandul!
—¿Qué está haciendo usted ahí, sargento?
—¡Enhorabuena, doctor!
—¿En qué piensas, osito mío?
—¿Y hay alguna esperanza, señor abogado?
—¡Que ya basta, demonio!
—No se le habrá escapado a usted, ilustre colega...
—¡Un besito, ilustre señor!
—¿Me rascas la espalda, papi?
—¿O prefiere que lleguemos a un acuerdo, caballero?
—¡Por ahí, por favor, señor diputado!
—¡Ahora tengo que dejarte, vida mía!
—Si me permite, señor presidente...
—¿Me lo regalas, abuelito?
—¿Y qué tal andamos hoy, querido amigo mío?
—Quizá recuerde usted, maestro...
—Y si se le aprieta ahí , ¿le duele, excelencia?
—¡La paz sea contigo, hermano en Cristo!
—¡Cómo se ha ido, pobrecito!

 Dino Buzzati

Il Colombre (1966)