José Antonio Vidal-Quadras

Ecos

100 árboles nuevos

Al salir del Edificio Central, casi al llegar a la carretera vemos esta bella y delicada Pawlonia tomentosa, de origen chino o japonés, que florece en mayo y se trasplantó como los demás árboles de este lugar en 1963. Su nombre viene de Anna Paulowna (1795-1865), hija del zar Pablo I de Rusia, y se dice que es el árbol de crecimiento más rápido de la Tierra. Puede vivir 200 años.

Pero este jardín tan maravilloso regado por el río Sadar tuvo un cruel enemigo, como todos los de Pamplona, en 1985, cuando en Europa desaparecieron todos los olmos, víctimas de la grafiosis. Desde entonces han sufrido los efectos fulminantes de esta enfermedad, que tapona los vasos por donde circula la savia, y los olmos quedan secos, interiormente quemados. En Pamplona enfermaron 7.000 olmos, de los cuales murieron 1.600, y se talaron 550. 

Nuestros jardineros son los más entusiastas de la arboleda que recorre el río Sadar con grandes ejemplares de fresnos, Acer negundo y plátanos. Desde el año pasado se esfuerzan por mantener tanta vida con unos olmos resistentes a la grafiosis, los salvadores Ulmus resista. Compraron 50 pequeñas plantas de esta variedad y –para mezclarlas con ellas–, 50 almeces, que es de la familia del olmo. Y las fueron replantando, por un lado junto al camino que sube a la Ermita y, por otro, desde Venta de Andrés, a todo lo largo del Sadar, pasando entre la isleta de Fuente del Hierro y el río; más adelante, al otro lado de la carretera junto a los Comedores; luego, a la altura del Polideportivo, y más adelante, hasta el final de la carretera.

En esas zonas vemos los delgados arbolitos de Ulmus resista o de almez, sostenidos por sólidos rodrigones. Pachi Díez de Ulzurrun me dice: “Si de 100 sujetamos 60, logro seguro. ¡Árbol colocado!”. Y así están salvando la arboleda.