• Cultura
  • Una bomba de efecto retardado

    Texto Jorge Collar

    El triunfo en Cannes de La Vie d’Adèle ha encendido una polémica de alcance social y político.


    La mecha estaba preparada desde el 24 de mayo, fecha de la presentación en Cannes de la película de Abdellatif Kechiche, La Vie d’Adèle. Tres horas de proyección dedicadas a la aventura amorosa de dos mujeres que pasan de la pasión a la ruptura. Todo ello en un clima de gran tensión en Francia, después de más de seis meses de oposición estruendosa a la ley sobre el matrimonio homosexual.

    Los primeros ataques contra la película venían del campo sindical. Y no tanto por el contenido como por el sistema de producción. El Sindicato Profesional de la Industria Audiovisual y del Cine acusaba a Kechiche de atentados contra los derechos sindicales. Todo se hubiera atenuado con el paso del tiempo si no le hubieran concedido la Palma de Oro a la película. Así se encendía la mecha prendida. La persistencia de la polémica revela la existencia de una bomba con efecto retardado, de consecuencias imprevisibles y que tiene como objeto problemas sociales imposibles de eludir. 

    Desde la noche del anuncio del Premio, su relación con el debate político en Francia era evidente. El comunicado de la Presidencia de la Republica, que inmediatamente ponía de relieve “el talento de los artistas, la libertad del director, su audacia y la confianza que depositaba en la juventud” no dejaba lugar a dudas. La decisión del Jurado aparecía como un apoyo a su política en favor del matrimonio homosexual, frente a una parte importante de la opinión pública. La Palma era así una recompensa más ideológica que artística. Muestra de ello fueron  las ráfagas de preguntas de los periodistas al Jurado después del Palmarés. Eran tan insistentes que incluso incomodaban a algún miembro del Jurado, que se amparaba tras la afirmación, a todas luces incompleta, de que solamente se había considerado “la historia de amor”, sin tener en cuenta su contenido lésbico.

    Es precisamente en el terreno de “la historia de amor y de su representación en la pantalla”, donde se sitúa el otro tema explosivo de largo alcance de la película. La “audacia” de las imágenes, ya criticada en los medios sindicales, encontraba su mejor condena en las declaraciones de Julie Maroh, la autora de la novela gráfica, Le Bleu est une couleur chaude, que inspira la película. Su reproche no se dirige al contenido de la obra, que considera “militante”, sino a la forma de presentarla en las escenas “audaces”. La autora afirma tener la impresión de haber asistido a una película “porno de lesbianas” donde encuentra “un despliegue brutal y quirúrgico, demostrativo y frío de sexo lésbico que deriva hacia lo porno. Ello me ha creado malestar –prosigue la autora– sobre todo cuando en la sala todo el mundo estalla en risas: los heterosexuales porque no comprenden la escena y la consideran ridícula; y los homosexuales, para los que la escena no es creíble. Los únicos que no se manifiestan son aquellos tipos ocupados en satisfacer una de sus obsesiones”. La condena es rotunda y no deja nada que añadir  al juicio de Julie Maroh.

    Esta cuestión prolonga además el efecto negativo de la obra, por su relación inevitable con la cultura musulmana. Abdellatif Kechiche nació en Túnez, país que abandonó con seis años. Dedicando su Palma de Oro a la juventud tunecina y afirmando que “no hay revolución política sin revolución sexual”, atizó las pasiones del otro lado del Mediterráneo. Las autoridades tunecinas, en un primer momento, se congratularon de la recompensa y el Ministro de Cultura, Mehdi Mabrouk felicitó al cineasta, pero las reacciones posteriores fueron mucho menos entusiastas. Es improbable que la película se distribuya en Túnez. Eso daría a las corrientes islamistas confundidas la ocasión de denunciar la degradación moral de Occidente. Aquí entra en juego un problema más general. Cuando los occidentales reclaman una mayor libertad para la mujer en los países de cultura y de tradición musulmanas, deben guardarse de provocaciones inútiles. Otra forma de proceder solo puede contribuir a favorecer las reacciones excesivas. Las recientes condenas de dos francesas en Túnez prueban que la polémica que ha acompañado a la Palma de Oro está lejos de apagarse.


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    Categorías: Cine