El singular itinerario de Cheyenne Carron

Texto Jorge Collar, periodista y decano de los críticos del Festival de Cannes 

Es difícil encontrar el adjetivo para calificar la filmografía de Cheyenne Carron, que irrumpe en el cine francés por los caminos casi nunca transitados de la autoproducción. 

—Fotograma de la cuarta película de Cheyenne-Marie Carron, La Fille Publique (2012).

¿Extraordinario, sorprendente, singular? Son adjetivos que cuadran en este intento de cine de autor cristiano, con temas candentes que interesan hoy en todos los países occidentales frente al avance del islamismo radical. Todo ello es extraordinario, sorprendente, singular y sin precedentes en la producción cinematográfica europea.

El nombre de Cheyenne-Marie Carron aparece en realidad con su cuarta película, La Fille Publique (2012), historia autobiográfica que cuenta sus orígenes. Abandonada por sus padres, de origen cabilio (Argelia), fue encomendada por la Asistencia Pública a una familia numerosa, que solo pudo adoptarla a su mayoría de edad. Su madre adoptiva, católica, le inculcó principios de vida cristianos, aunque Cheyenne no fue bautizada hasta varios años más tarde. Hay en su vida un largo periodo de rebelión y de desorden del que dan prueba sus primeras películas de corte erótico. El «fenómeno Cheyenne Carron» se impone en 2014 con L’Apôtre, una película que no deja indiferente por el tema que trata: la conversión de un musulmán al catolicismo. Al mismo tiempo que rodaba la película, la directora preparaba su bautismo, en Notre Dame en la Pascua de 2014. 

El modesto presupuesto de la película se recabó de forma insólita. Carron solicitó ayuda a varias grandes fortunas francesas que figuraban en la lista de la revista Challenges. Obtuvo una respuesta afirmativa y esto permitió la realización del filme sin pasar por las horcas caudinas del cine oficial subvencionado. Nace así L’Apotre, una historia sobre la conversión de Akim (Fayçal Safi), destinado a ser imán, y que gracias a la amistad con un matrimonio católico recorre un itinerario misterioso en el que el cristianismo tiene un tono personal de encuentro con Cristo. Con medios limitados y con un tema difícil, Cheyenne Carron obtiene un resultado de un formidable equilibrio de tono. La dirección de actores resalta como una de las cualidades esenciales de su trabajo. Aunque la película evoca el islamismo radical, se esfuerza en dar una visión conciliadora del Islam.

La película siguiente —Patrias, 2015— también aborda un tema complejo: la inmigración. Sebastián (Augustin Raguenet) se instala con su familia en un barrio de París donde la población de color es mayoritaria. Al principio es víctima de un racismo anti-blanco pero se hace amigo de Pierre (Jackee Toto), un joven de origen senegalés que sueña con instalarse en el país de su familia, que nunca ha conocido. La identidad y los orígenes son temas que explican el plural del título: Patrias. La integración en Francia tiene en el personaje de la madre de Pierre una defensora, en una intervención llena de humanidad. Se encara además el ambiente de los suburbios lejos de los tópicos habituales (droga, delincuencia, paro). 

En noviembre de 2016, Cheyenne-Marie Carron —su nombre de bautismo— vuelve a sorprender con una nueva película, La chute des hommes, con otro tema de actualidad: los crímenes del yihadismo. La estructura narrativa sigue la forma de Patrias: historias personales que convergen. De un lado está Lucie (Laura Lochet), especialista en perfumería, hija de madre cristiana rusa y de padre francés ateo, que viaja a Oriente Medio. Al descender del avión es capturada por Younes (Nouamen Maamar), un taxista con graves dificultades económicas, que la entrega a un grupo yihadista como rehén. En el grupo se encuentra el tercer personaje: Abou (François Pouron), francés convertido al fanatismo religioso. La historia de cada personaje tiene su contexto y su propia fuerza dramática en la que se inserta con naturalidad el aspecto religioso. Lucie debe defender su fe heroicamente, Younes experimenta el arrepentimiento de sus errores, Abou salva su vida in extremis gracias a la protección de la Virgen. Que todo esto sea natural y eficaz no es el menor mérito de la película, incluso aunque la duración quizá resulte excesiva. 

Todo hace prever que la carrera cinematográfica de Cheyenne-Marie Carron apunta un brillante porvenir y que nada va a reducir su ímpetu. Un nuevo título, La morsure des Dieux, está ya en proceso de montaje. Narra el romance entre una católica y un pagano: un tema más intimista pero siempre con una fuerte carga espiritual. 


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