El canto que no cesa

El ruiseñor

Kristin Hannah. Suma de letras, 2016. 589 páginas. 19,90 €

En épocas apocalípticas —la nuestra lo es, según sostienen algunos— hay libros que emergen como una tabla de salvación. Cuando los pilares de una sociedad se deshacen como azucarillos, y la crisis acaba en guerra, parece que la oscuridad devora todo. Es entonces cuando las vidas heroicas brillan con más fuerza en la tiniebla.

Este bestseller rescata la vida de una familia que luchó en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. La metralla que iba mermando su país hizo que se agrandara también la hemorragia interna que sufrían dos hermanas que, desde pequeñas, han rivalizado entre sí y no saben afrontar el desgarro que colapsó el carácter de su padre al quedar viudo. La crudeza de la guerra pone en pie las mejores y las peores pasiones. Kristin Hannah ha logrado tallar con realismo y acierto la evolución de estos tres personajes. La trepidante narración de los acontecimientos históricos de la barbarie nazi también deja claro que en una sociedad son las personas —y no los acontecimientos— quienes marcan la diferencia: ante un mismo hecho la respuesta puede ser jugarse la vida altruistamente o alargar la propia vida mezquinamente y a costa de los demás. En el anonimato, muchas personas no se rindieron a la dictadura de lo inhumano, a pesar de las consecuencias fatídicas que el libro no omite —torturas, infanticidios, violencia sexual, la muerte gratuita de tantos inocentes y el destrozo de la contienda en los muchachos convertidos en soldados—.

No podía faltar, en una novela francesa de lectura amena, una fábula de amor abocada a lo imposible. Al margen del devenir de esa historia y de la Historia universal, el Amor brilla como sustancia de la vida, como el único canto que deja un eco imborrable en la memoria, a pesar de los zarpazos ensordecedores de la muerte.

Teresa Gutiérrez de Cabiedes