El mal del ímpetu
Iván Goncharov. Minúscula, 2010
Una de las más célebres novelas de la literatura rusa, Oblómov, dio nombre al oblomovismo, una enfermedad del alma rusa que consiste en la radical holgazanería, vaguería y apatía ante el discurrir del mundo y que en la novela encarna de manera genial el protagonista, el culmen de la pereza, que también puede interpretarse como un hondo desprecio por la agitación estéril y espumosa de tanta gente.
Su autor, Ivan Alexandrovich Goncharov, escribió apenas tres novelas, libros de memorias y algunas narraciones entre las que se encuentra esta magnífica novela breve que puede considerarse un claro precedente de Oblómov.
En ella se describe otra dolencia del alma rusa: “El mal del ímpetu”, pasión “irresistible y funesta”, “diabólica”, de la familia Zurov que los lleva, en un permanente estado de agitación, a “disfrutar del aire puro”. El narrador de la historia es el joven Filip Klimovich, amigo y asiduo visitante de la familia Zurov durante la época invernal. Pero Filip desconoce la transformación que se opera en la familia a partir de la primavera.
Los peligros de esta enfermedad se los describe a Filip un magnífico personaje, Nikon Ustínovich, precursor de Oblómov, que, con un discurso dramático, tumbado en la cama mientras después de desayunar espera plácidamente la hora de la comida, advierte a Filip hasta dónde llega la locura de la familia Zurov. A Filip le parecen exageradas las advertencias de su amigo, que achaca a su proverbial pereza, hasta que asiste a una de las excursiones veraniegas de la familia Zurov y comprueba en sus carnes su alocado apasionamiento por la vida en la naturaleza.
Breve y divertida historia que presenta la otra cara de la moneda del oblomovismo: el mal del ímpetu, la constante agitación, el perpetuo movimiento, la incapacidad de estarse quietos. Dos enfermedades no sólo del alma rusa.
Adolfo Torrecilla