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  • La mirada irónica de Nancy Mitford

    Adolfo Torrecilla

    Perteneciente a la denominada Bright Young People, de la que también formó parte Evelyn Waugh, íntimo amigo de la escritora, Nancy Mitford ha pasado a la historia de la literatura por su capacidad para retratar, con mucha ironía y humor, la decadene aristocracia británica de mediados del siglo XX y por pertenecer a una familia muy original.


    Mitford nació en Londres en 1904. Era la primogénita de David Freeman-Mitford, el segundo barón Redesdale, quien contrajo matrimonio tras su regreso de Sudáfrica y Canadá con Muv Bowles. Tuvieron siete hijos, seis de ellos chicas –Nancy, Pamela, Diana, Unity, Jessica y Deborah–, que, tras ser educadas en la casa familiar de Asthall Manor, cerca de Nurford, en Oxfordshire, se caracterizaron por llevar una vida intensa y excéntrica.
    Nancy comenzó a escribir en 1931, aunque el éxito no le llegó hasta después de finalizada la II Guerra Mundial. En Libros del Asteroide se han publicado ya sus cuatro novelas más importantes: A la caza del amor (1945), Amor en clima frío (1949), La bendición (1950) y, la última, No se lo digas a Alfred (1960).
    También cultivó el género biográfico, y su correspondencia desvela con naturalidad su profunda cultura, su impagable sentido del humor y su mirada irónica sobre todo lo que le rodea. Durante los años que vivió en París incluso sirvió de modelo para Dior. Murió en Versalles en 1973, aunque posteriormente sus restos fueron trasladados a Inglaterra.
    Sus novelas son parcialmente biográficas. Y es que Mitford escribe de una sociedad que conoce muy bien. Más que las tramas, un tanto débiles, lo que sobresale es su capacidad para retratar hasta el más mínimo detalle un ambiente y de unos personajes verosímiles pero escorados hacia la extravagancia y el humor, características a las que Mitford sabe sacar partido. Con higiénica inteligencia, Mitford se ríe de una alta sociedad anclada en valores y gestos de otra época.
    La narradora de las dos primeras novelas publicadas en castellano, A la caza del amor y Amor en clima frío, es Fanny, la hija de la que llaman la Desbocada, mujer que abandonó muy pronto a su marido y a su hija para empalmar sucesivas y rocambolescas aventuras amorosas. Todo está condicionado por los antiguos conceptos aristocráticos: las mujeres eran educadas por señoritas que les enseñaban nociones de francés y equitación y su única obligación era encontrar un buen marido.

    La vida parisina. En la siguiente novela, La bendición, vuelven a repetirse sus intenciones estéticas y literarias, pero ahora con una mayor dosis de sociología.
    En esta ocasión Mitford describe los modos de vida de los círculos aristocráticos franceses tras la II Guerra Mundial. La protagonista es Grace, una joven hija de un importante político inglés que se casa durante la guerra con Charles-Edouard, miembro de una de las familias más ricas de Francia. El argumento no es lo importante. Mitford pone el acento en el irónico retrato de una aristocracia elitista que se aferra a sus valores y que desprecia todo aquello que no encaje en su manera de entender el mundo. En este sentido, la novela acierta a describir una serie de familias y personajes que hacen todo lo posible por mantener su estilo de vida en un mundo que les da la espalda. Muy bien ambientada, también se muestran las diferencias entre la aristocracia francesa e inglesa, con el telón de fondo de la guerra fría y la aparición de los norteamericanos como nuevos dueños del mundo, lo que provoca interesantes debates y reflexiones.
    Y la última novela en publicarse ha sido No se lo digas a Alfred, de 1960. Por un lado, Mitford mantiene el mismo ambiente francés de La bendición, aunque también vuelve a los personajes de sus primeras y más conocidas novelas, A la caza del amor y Amor en clima frío.
    La descripción de estos personajes, sus manías, las relaciones sociales es, con diferencia, lo mejor de la novela, pues ahí es donde Mitford sabe sacar más partido a su chispeante y punzante prosa.
    Una vez más, Nancy Mitford maneja un estilo rápido, electrizante, con sutiles e ingeniosos comentarios sobre los personajes. Como en las anteriores novelas, Mitford retrata irónicamente la decadencia de un mundo que se resquebraja y que ella conoce muy bien.


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    Categorías: Literatura