• Cultura
  • La Champions League del best seller

    Texto Adolfo Torrecilla

    Los libros más vendidos tienen algunos rasgos en común, pero la fórmula "mágica" para fabricarlos sigue siendo un misterio.


    En un reciente estudio sobre los best seller, David Viñas, su autor, concluía que no existe ninguna fórmula mágica para alcanzar el bombazo editorial, que es lo que buscan como sea todos los best seller: “No resulta demasiado difícil descubrir sus ingredientes básicos y hasta su proceso de elaboración, pero es luego dificilísimo obtener el resultado soñado y más difícil todavía evitar que no se le quede a uno la cara de idiota al descubrir que, en definitiva, aquí el secreto es que no hay ningún secreto”. Sí, menos mal que, por lo menos todavía, en la industria editorial no todo está superprogramado y hay fenómenos que se escapan a cualquier explicación sociológica y hasta literaria. Sin embargo, vistas las listas de los libros más leídos y vendidos también hay que concluir que tienen más posibilidades de ser best seller aquellos que ponen en funcionamiento esos ingredientes básicos que David Viñas desmenuza en El enigma best seller (Ariel).
    Basta con echar un vistazo al último Informe de hábitos de lectura y compra de libros en 2009, elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España, para sacar como conclusión que las editoriales están obsesionadas con los best seller. El libro más leído en 2009 ha sido El niño con el pijama a rayas, del irlandés John Boyne, que desbanca de este lugar a Los pilares de la tierra, de Ken Follett, durante años la novela que ocupaba esta privilegiada posición. Otra conclusión de este Informe es determinante: los lectores españoles, de manera mayoritaria, buscan en la lectura sobre todo entretenimiento (75,2%).

    En su estudio, David Viñas, profesor titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona, analiza detenidamente los ingredientes de algunos de los best seller más leídos en los últimos años: El Código Da Vinci, de Dan Brown, El Alquimista, de Paulo Coelho, El médico, de Noah Gordon, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, La catedral del mar, de Ildefonso Falcones y algunos más. Todos ellos han copado las listas de los libros más vendidos, objetivo primordial de los best seller, pues saben la función y el arrastre que tiene aparecer en cualquier tipo de lista. Las listas son la mejor brújula para un buen número de lectores, aquellos sobre todo que buscan en la literatura entretenimiento sin más complicaciones y que no tienen en cuenta las valoraciones de la crítica literaria. Las editoriales tienen muy bien estudiado este público, a los que dirigen, por lo menos las grandes, muchas energías, títulos y premios literarios. Si movilizan a estos lectores, el éxito de un libro está garantizado. Viendo la lista de los libros más vendidos en 2009, la estrategia va a continuar en el futuro.

    Para David Viñas, en su estructura y estilo, el best seller supone una vuelta a la manera de escribir de finales del siglo XIX, cuando el realismo da lo mejorde sí mismo y, además, triunfa en las revistas la literatura de folletín, con esas calculadas técnicas para fomentar el interés y la intriga en los lectores. Al lector de best seller no le interesa el formalismo, ni las vanguardias, ni las novedades estilísticas que aporta la literatura culta del siglo XX. El best seller reivindica “el regreso de las historias con planteamiento, nudo y desenlace, el regreso de los personajes interesantes, el regreso de las grades peripecias”.

    El best seller se caracteriza, según Viñas, por su eclecticismo: sabe sacar el máximo partido a los ingredientes que han triunfado en emblemáticas novela de diferentes géneros literarios. Por ello, espiga de la tradición aquello que ha triunfado entre los lectores para volverlo a actualizar. Por ejemplo, la aventura, la intriga, el componente policiaco y fantástico. O aquello que, sociológicamente, es bien recibido, como el erotismo, ingrediente que no suele faltar en casi ninguno de los libros más vendidos. Otro rasgo importante es su didactismo, con el fin de que la novela cumpla también la función de enseñar: es muy evidente en las novelas de corte científico –en las de Michael Crichton, por ejemplo– y en buena parte de las novelas históricas, donde, más que en lo literario, se pone el acento en la documentación y en la verosimilitud histórica.