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  • Interstellar: Los enigmas del espacio-tiempo

    Texto Jorge Collar es crítico cinematográfico y decano de losperiodistas del Festival de Cannes

    El cine y la realidad se ponen de acuerdo para celebrar la fascinación que ejerce la
    relación espacio-tiempo.


    Muchos han seguido las vicisitudes de la misión Rossetta —que ha logrado, tras diez años de viaje, que la sonda Philiae se instale en la superficie de un cometa—. Casi al mismo tiempo, y con similar precisión, la última película de Christopher Nolan —y su hermano, Jonathan, coautor del guión—, ha llegado a las pantallas. Como en la realidad, el espacio y el tiempo plantean enigmas que la ciencia desea descifrar y el cine explotar, junto con los interrogantes que tradicionalmente se ha hecho el hombre.

    2001, Odisea del Espacio (1968), de Stanley Kubrick, abre un periodo en la etapa del cine moderno que continúa con Solaris (1972), de Andrei Tarkovski. El género se popularizó con la trilogía de Star Wars (a partir de 1977), de George Lucas. Toda la reflexión, filosófica y visual, sobre el espacio-tiempo está contenida en estas películas, que tendrán una influencia decisiva sobre toda la producción posterior. Por un lado Kubrick fascina y desconcierta con historias sucesivas que celebran el progreso del saber y las revoluciones técnicas para llegar a una conclusión difícil de descifrar. Tarkovski, por su parte, replicó con Solaris —que llevó al Festival de Cannes de 1972—, donde ofrece una metáfora de un ser supremo que conduce los destinos del universo. Star Wars, además, desarrolla las posibilidades visuales de la saga y crea ex nihilo un mundo de aventuras rocambolescas que alimenta la cultura popular desde el final de los años 70. En conjunto, estas obras planteaban ya los problemas del espacio-tiempo, aunque la cuestión de las diversas dimensiones temporales ya estaba sobre el tapete del cine muchos años antes. Asimismo, una simple mirada a la filmografía de Christopher Nolan permite descubrir que el tema del tiempo es el centro de Memento (2000) y que ha estado presente en otras obras, como Inception (2010), donde sus personajes podían penetrar por efracción —una rotura— en un mundo mental ajeno.

    En Interstellar la relación espacio-tiempo se acentúa. El mismo comienzo es una sorpresa: en lugar de una nave espacial, descubrimos una granja americana azotada por los vendavales. La Tierra se encamina a su perdición. Las plantas han muerto y el aire es cada vez más irrespirable. Cooper (Matthew McConaughey), un viudo que vive con sus hijos, Murphy y Tom, y que ha sido piloto antes que agricultor, descubre en la gravitación una pista que le conduce a un centro secreto de la NASA —organismo desaparecido oficialmente que prepara un viaje en una nave espacial—. La misión, dirigida por el profesor Brand (Michael Caine) a bordo de la nave Endurance, trata de recuperar los datos de tres planetas habitables encontrados en vuelos precedentes. Como todas las hipótesis de la película han sido validadas por Kip Thorne, del Instituto de Tecnología de California, no es necesario ir más lejos. Si Cooper y Amelia Brand (Anne Hathaway) pueden viajar a los límites de la galaxia es gracias a las posibilidades ofrecidas por las teorías de la relatividad y de la Física moderna. La acción es rica en sorpresas dramáticas más o menos avaladas por la Ciencia. No se hace espectáculo «a cualquier precio». Los paisajes son grandiosos, pero grises; las combinaciones espaciales, sin fantasías; y los efectos especiales, discretos.

    Pero, como siempre, la base científica y la estructura dramática están al servicio de una historia sobre la familia. Así como Leonardo Di Caprio luchaba en Inception por recuperar a sus hijos, aquí el conflicto se establece entre Cooper y su hija Murphy (Jessica Chastain), puesto que la misión de Cooper es sin retorno. El recurso a los grandes sentimientos resulta siempre eficaz y gana el favor del público a pesar de una acción compleja y a veces incomprensible. Cuando la película termina, con una imagen de pioneros espaciales donde no falta la bandera americana, la Humanidad puede escapar a la destrucción y continuar su curso, mientras se promete una historia de amor que desafía el tiempo.


    Cine NT 686


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