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  • Dinard siempre en busca de nuevos valores

    Jorge Collar

    El festival del cine británico destaca por descubrir, año tras año, jóvenes talentos cinematográficos.


    Françoise Fabian, la inolvidable intérprete de Ma nuit chez Maude, de Eric Rohmer, y Hugh Hudson, Oscar por Chariots of Fire en 1981, han sido los padrinos del XX Festival del Cine Británico de Dinard, cita obligada para los amantes del cine del otro lado del Canal. Jean-Paul Rappeneau presidía el Jurado de seis películas en competición, sin contar más de una docena de pre-estrenos y una decena de autores, descubiertos en Dinard. El conjunto testimonia la vitalidad del cine británico y el Festival cuenta con la fidelidad del público y la competencia y amabilidad de los responsables: Sylvie Mallet, presidenta y Hussam Hindi, director artístico. Todo eso no impide que un grupo de directores, en su encuentro con el público, insistiera en las dificultades que viven en Gran Bretaña para obtener la financiación de sus películas. Jan Dunn, Gerard Johnson, Ben Hopkins, Asif Kapadia, y Pawel Pawlikowski, describen su trabajo como una carrera de obstáculos, a causa de un cine americano avasallador. Es cierto también que cuando un director se afirma no tarda en ser seducido por las sirenas de Hollywood.

    La competición. Un Festival se centra en las películas en competición. La especialidad de Dinard es el lanzamiento de nuevos valores de los que puede estar orgulloso si se contemplan los grandes éxitos de los últimos meses: Dany Boyle, Christopher Nolan, Michael Winterbottom, Paul Greengrass, David Macenzie, Stephen Daldry. ¿La comenzarán otros? Cuatro películas entre las seis seleccionadas son primeras obras.
    El joven cine británico confirma su diversidad, su apertura al mundo, su interés por los fenómenos de sociedad, su fuerza reivindicativa. En esta última línea se sitúa Jean Charles, de Enrique Goldman, que evoca la muerte en el Metro de Londres par la Policía, en plena crisis terrorista de 2005, de un joven brasileño, tomado por un terrorista islámico. Otros conflictos han sido evocados en Dinard: Irlanda y Zimbabwe pero la competición ofrece también una sátira política: In the Loop, primera película de Armando Ianucci que procede de la televisión. Simplificando se podría decir que sin nombrarlos se evoca la complicidad de George Bush y Tony Blair en el comienzo de la guerra de Irak. La multiplicación de personajes subalternos, un montaje a cien por hora, y lo sutil de ciertas alusiones hace que el espectador comprenda muy poco de lo que pasa.
    Las cuestiones de sociedad, como la inmigración y la droga alimentan la inspiración de ciertos cineastas. She, a Chinese, de Xiaolu Guo, aborda el tema de la atracción del Occidente, unido a cierta idea de la modernidad. Mei (Huang Lu), sueña en su pueblo chino con el confort de las grandes ciudades. Ello la conducirá a Pekín y a Londres, donde conocerá aventuras diversas. Crying With Laughter, de Justin Molotnikov, es también una primera película. Joel Frisk (Stephen McCole) es un humorista de cabaret en plena crisis por causa de la droga.
    Mucho más sombrío, pero más coherente es el Hitchcock de Oro, White Lightnin’, primera obra de Dominic Murphy que cuenta la tragedia americana de Jesco White, un asocial que se droga desde la infancia. Al recibir su premio, Dominic Murphy insistía en que su película no era anti-religiosa. No había que olvidar que los elementos “místicos”, eran el producto del cerebro perturbado del personaje.
    Desde las primeras proyecciones Sounds Like Teen Spirit, primera obra también, de Jamie Jay Johnson, suscitaba el entusiasmo del público. La historia está centrada en los preparativos y el desarrollo del Concurso Eurovisión Junior. El director utiliza todo este material humano con una incomparable maestría en el montaje, para ofrecer una  imagen fiel del paso de la infancia a la adolescencia, de la que no está ausente ni el suspense, ni el humor ni la emoción.


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    Categorías: Cine