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  • Cuando la novela rosa se tiñe de verde. Tratados de cursilería posmoderna

    Texto Adolfo Torrecilla

    La novela romántica aumenta su presencia y popularidad en el mercado editorial.


    La novela rosa nunca ha desaparecido de las librerías ni de los quioscos. Siguen siendo un auténtico fenómeno literario, todo un negocio interplanetario, como demuestra la vitalidad de la editorial canadiense Harlequin, implantada en muchos países, y de otras editoriales dedicadas íntegramente a este género. Harlequin sabe que un alto porcentaje de mujeres, que son las que más leen novelas (un 20% más que los hombres), buscan en la literatura entretenimiento y evasión, y la novela rosa proporciona esos deseos con la creación de un mundo que contiene los ingredientes básicos y clásicos, en clave femenina para alcanzar, con mucho idealismo, la anhelada felicidad.


    Todavía venden lo suyo las autoras más emblemáticas del género, como Danielle Steele, Rosamunde Pilcher, Victoria Holt, Barbara Wood, Juditz Krantz, Barbra Carland... En España, aunque siguen vendiéndose, las novelas de la mítica Corín Tellado han perdido su sitio y han sido reemplazadas por un tipo de novelas que camuflan su contenido y sus ingredientes románticos con otros valores más comerciales y sociológicos. Así sucede con el fenómeno de la chick-lit, un tipo de literatura romántica que se dedica a describir sin tapujos sobre los vaivenes sentimentales y profesionales de la mujer moderna y rabiosamente actual. Es lo que han hecho, entre otras, Helen Fielding, la autora de Bridget Jones, y Candace Bushnell, autora de Sexo en Nueva York y otras novelas del mismo calado.


    A este fenómeno hay que sumar ahora a dos autoras, E. L. James y Silvia Day, que encarnan un tipo de novela rosa abiertamente erótica.El éxito está siendo tan importante que, como suele pasar en el mundo literario, me temo lo peor: una avalancha de sucedáneos que insistirán reiterativamente en los ingredientes más llamativos de estos libros.

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