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  • American Sniper, de Eastwood: «A true story»

    Texto Jorge Collar, crítico cinematográfico y decano de los periodistas del Festival de Cannes

    ¿Asegurar la Justicia ampara el uso de cierta dosis de violencia? Clint Eastwood reaparece con una cuestión sempiterna en su cinematografía.


    A sus 85 años, después de sesenta de carrera cinematográfica y de ochenta películas en su haber, Clint Eastwood es una figura capital e ineludible del Séptimo Arte. A pesar de que su trabajo ha conocido altibajos y del maltrato de la crítica, la calidad de su obra ha terminado por imponerse. En ocasiones con propuestas inesperadas, como la de los sentimientos de un idilio imposible (The Bridges of Madison County, 1995), o del lado japonés en la guerra del Pacífico (Lettres from Iwo Jima, 2006).

    Desde la creación del personaje de Dirty Harry —Harry el Sucio— en 1971, su nombre ha estado asociado a la violencia, que le granjeó su récord de Oscar con el western crepuscular Unforgiven (Sin perdón), en 1992. Este año, después de sus últimos grandes éxitos (Mystic River, Million Dollar Baby, Gran Torino), sorprende de nuevo al público con American Sniper, un nuevo éxito de taquilla en su carrera.

    La película cuenta la historia de Chris Kyle,  francotirador del Ejército estadounidense, presente en varias misiones en Irak. Las bajas causadas en sus enemigos le consagran como el mejor tirador de todos los tiempos. Sin embargo, la historia también muestra la tensión que sufre entre sus deberes militares y familiares. De vuelta a su patria, Kyle decidió escribir su biografía. Jason Hall, guionista y productor, se interesó por el libro antes de que se publicara, y el proyecto se precipitó cuando se conoció al protagonista, Bradley Cooper, en 2012. Finalmente, en 2014 comenzó el rodaje bajo la dirección de Clint Eastwood. Entre tanto, Kyle murió asesinado en febrero 2013, víctima de un veterano al que intentaba ayudar.

    El hecho de abordar la intervención en Irak —episodio nada popular— ya suponía un riesgo. A partir de ahí ha contradicho numerosas ideas preconcebidas, puesto que lejos de explicarse —como se ha insinuado— por haber movilizado al público conservador, la clave ha sido su conexión con ciertos valores que se pretendía estigmatizar, como el patriotismo, de nuevo en boga en Estados Unidos. Chris Kyle tuvo una formación en la que «Dios, Patria y Familia» eran fundamentos inconmovibles. Su padre le inculcó la idea de que el mundo se divide entre corderos y lobos, y que para evitar que los segundos devoren a los primeros existe una tercera categoría destinada a proteger a los corderos. Esa era la vocación del francotirador Kyle: proteger a sus compañeros de armas y defender a su país.

    Para enjuiciar el film es preciso distinguir entre cine y repercusión sociológica y moral. Clint Eastwood realiza un trabajo de mise en scène impecable, con un equilibrio perfecto entre las secuencias de guerra y las familiares. Las primeras  trasmiten fielmente los riesgos, las dudas y los problemas de un francotirador. Del mismo modo, las tomas familiares muestran las tensiones del soldado lejos de su hogar, comprometido en los combates. Todo posee un alto trasfondo humano y emotivo, realzado por el gran trabajo de Bradley Cooper y de Siena Miller.

    ¿Apología de la guerra? ¿Justificación de la intervención en Irak? Frente a la polémica, Clint Eastwood se ha esforzado en elevar el debate. A él le interesan los hombres en la guerra, no los que la diseñan en los despachos. Los conflictos son casi siempre impopulares, pero sería una injusticia no reconocer el valor de los militares que cumplen con su deber y que se topan después con la gran dificultad de volver a la vida civil. Y las guerras, incluso las perdidas, tienen sus héroes.

    A través de su protagonista, la película trata también las dudas de los militares sobre la justicia de su causa..., de la angustia antes de apretar el gatillo. Asimismo, aborda la amenaza creciente de un terrorismo multiforme y brutal frente al cual los bellos discursos no valen.

    American Sniper se sumerge, en fin, en la relación entre la justicia y la violencia. Los héroes de su juventud —del western y los films policíacos— son los «justicieros» de sus películas, encargados de impedir, sin reparar en medios, que los lobos devoren a los corderos.

     


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