• Cultura
  • Alguien que inspira más que confianza

    Texto Joseluís González [Filg 82] es profesor y crítico literario

    Entre la Literatura, la vida y lo que nunca muere existen unas relaciones inequívocas.

    De izquierda a derecha, Maria Hartung, William Brodie y John Henry Gray.

    Cuesta olvidar la primera frase, contundente, de Anna Karerina, la novela de León Tostói que apareció completa en forma de libro en 1877: «Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera. Todo estaba trastornado en casa de los Oblonski». Pero más inolvidable es la pletórica frase final de esa inmensa narración, el pensamiento que desborda el alma de Lievin y le hace desear que no lo guíen los vaivenes de los acontecimientos sino encontrar luz y sentido a cada minuto y cada acto de su vida. A aquella desdichada casa de Moscú de los Oblonski llega la hermana de quien debería dar felicidad a cuantos viven bajo ese techo: Anna. Dicen que la apariencia física de ese personaje se inspira en Maria Hartung (1832–1919), la primogénita del escritor ruso Aleksandr Pushkin, a quien había asesinado un extranjero en enero de 1837, en un duelo amañado al que el poeta fue por defender la entereza de su esposa. Poco después de conocer a la muchacha en una cena, León comenzó a leer la prosa del difunto Pushkin y a idealizar a la joven. Pasarían años —cumpliría Tolstói casi cincuenta— hasta que escribiese esa novela majestuosa. Puede que Anna Karerina retratara los rasgos de la hija mayor de Pushkin, pero Lievin refleja al propio Tolstói y su itinerario vital.


    Libros NT 683


    Categorías: Literatura