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  • Una década en busca de los escritores del futuro

    Texto Alberto Bonilla [Com 12] Fotografía Manuel Castells [Com 87]

    «Excelencia Literaria» es un proyecto nacido en 2003 con la misión de despertar el interés juvenil por la escritura. Diez años más tarde, continúa con su apuesta por la literatura.

    Miguel Aranguren posa con las premiadas en la última edición de Excelencia Literaria en el Aula Magna.

    «Hay cientos de adolescentes que, con un poco de atención personalizada, pueden renovar el ámbito literario español». Así se presenta el manifiesto de Excelencia Literaria, un proyecto impulsado por el novelista Miguel Aranguren y que este curso celebra su décima edición. Excelencia Literaria busca escritores entre los alumnos de Secundaria y Bachillerato de toda España que puedan convertirse en futuros novelistas, ensayistas, periodistas, guionistas... Para realizar esta misión, esta iniciativa fomenta el hábito de la lectura, la selección de un ocio enriquecedor, y el aprovechamiento del tiempo libre. 

    La Facultad de Filosofía y Letras acoge cada año las Jornadas de Excelencia Literaria, donde se desarrollan encuentros con escritores, filólogos y ensayistas, pero también con editores y empresarios culturales. Además se realizan sesiones prácticas y se celebra la entrega de los premios correspondientes a la edición anterior.

    ¿Por qué necesario este proyecto?

    El hombre necesita la literatura porque es un ser narrativo. Necesitamos preparar a los escritores actuales para combatir a una sociedad mediatizada, y ser capaces de eternizar las historias, tanto para sus lectores como para construir civilización.

    Sin embargo, los jóvenes escriben poco...

    El sistema educativo no busca la experiencia creativa ni la excelencia artística, sino la obtención de unos resultados. Eso provoca que los jóvenes escriban poco. Sin embargo, esta situación no elimina la necesidad de poder contar historias y de aprender a eternizarlas. Los jóvenes escriben poco porque están demasiado influidos por un tipo de ocio que está al alcance de la mano y que no necesita contraprestación. Sustraerse a esa realidad requiere un ejercicio profundo de la libertad por parte de cada uno. 

    ¿Y el motivo de centrarse en esas edades?

    Acercarse a la literatura tiene que empezar casi en la primera etapa. Un niño tiene que acostumbrarse a tocar libros, a verlos, a leerlos… Si un alumno llega a Secundaria sin bagaje, será muy difícil que pueda exteriorizar su mundo interior por escrito. En el caso de «Excelencia Literaria» hemos buscado en esas edades porque en ellas se empiezan a sentar las vocaciones profesionales. Sería más complicado con niños de Primaria porque les falta experiencia vital y sus relatos estarían huérfanos de profundidad. En la adolescencia uno ya es consciente de su interacción con los demás y de su entorno.

    ¿Qué papel juegan los profesores? ¿Y las familias?

    Desarrolan un papel muchísimo más importante de lo que se cree. Es difícil que despierte el amor al libro y a la experiencia literaria sin unos padres que alienten una primera vocación. En el caso del profesor, con más intensidad aún. Mi propia experiencia literaria está inspirada en los profesores que me hablaban de literatura, que me daban un libro, que me acompañaban a la biblioteca del colegio… No es tanto pensar en métodos novedosos para vivirlos en casa o en la escuela, como en recuperar lo que durante años funcionó.

    ¿Qué resultados ha obtenido este programa hasta ahora?

    Me llama la atención que, en estos diez años todos los finales de curso, recibo correos electrónicos de alumnos que agradecían la creación del proyecto porque les había dado la oportunidad de pensar. A veces en los programas educativos se han introducido demasiados automatismos y muchas veces no nos damos cuenta de que se llega a la universidad sin haber puesto en práctica nada. Además, han surgido grandes lectores. Lo que más me emociona es que se asoman a publicaciones que de otra manera no hubieran conocido. Por último y más importante, poder ver cómo esos relatos pretenden reflejar valores, forman un relato creíble y transmiten ideas constructivas. 

    ¿Es Internet un aliado o un enemigo?

    Estamos todavía en la prehistoria de este fenómeno, pero mi opinión sobre su influencia no es tan positiva. El problema de los últimos avances es que son tecnologías absorbentes y que exigen una madurez y un control del tiempo demasiado exhaustivo. Sin duda alguna, es un canal abierto para entrar en esa «biblioteca eterna» de la que hablaba Borges, pero también una puerta para que, de camino a esos autores, lleguen interferencias indeseadas. 

    ¿A dónde se dirige esta iniciativa?

    Tiene una labor de continuidad y que procura prestar un servicio siempre mejor a los adolescentes. Ahora publicamos online, antes en papel, porque es lo que leen. Por otro lado, en cuanto a novedad, siempre es un reto de descubrir qué materias pueden convertirse en sustrato de sus escritos. En eso veo una evolución clarísima. También hay un empeño para que la literatura sea un lugar de encuentro en el que el escritor halle lugares de debate para ser tratados de manera optimista.