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  • Trabajo que vale oro

    Texto Redacción NT / Fotografías Manuel Castells [Com 87]

    El Salón de Grados de la Universidad acogió la entrega de las Medallas de Oro a tres destacados miembros de la comunidad universitaria. Un reconocimiento concedido por el gran canciller, monseñor Javier Echevarría, por su contribución personal y profesional a lo largo de muchos años de trabajo. 

    —El trabajo bien hecho. De izquierda a derecha, Jesús Prieto, M.ª Ángeles Sánchez Bellón, el rector, Alfonso Sánchez-Tabernero, y Pilar Sesma.

    La Universidad de Navarra ha concedido a los catedráticos Pilar Sesma Egozcue y Jesús María Prieto Valtueña, y a la antigua directora de Enfermería de la Clínica Universidad de Navarra María Ángeles Sánchez Bellón, la Medalla de Oro por los servicios prestados. Con estas son veinticinco las Medallas de Oro entregadas desde 1990.

    El rector, Alfonso Sánchez-Tabernero, afirmó durante su intervención que se trata de reconocimiento «por la suma de muchas tareas sencillas y silenciosas, realizadas con el empeño de servir a los alumnos, a los pacientes y a los colegas». Por ello, la Universidad de Navarra manifestaba su gratitud. «Con vuestro compromiso, con vuestra capacidad de superar las dificultades con paciencia, ingenio y creatividad, habéis contribuido a plasmar el espíritu que da vida a la universidad». 

    Por último, el rector agregó que «los obstáculos no van a faltar, pero en medio de las tormentas se descubre el temple de los buenos marineros. Y ahora las circunstancias del entorno nos hacen ver que ni podemos ser mediocres ni podemos vivir instalados en la cultura de la queja». 

    Palabras de agradecimiento

    Tras la entrega de los galardones, el acto continuó con los discursos de los premiados, caracterizados por su cercanía a la institución universitaria y, sobre todo, a los que en su momento fueron compañeros de trabajo.

    El Dr. Jesús María Prieto señaló que «la universidad es un entorno en donde la comunicación de mentes y la concurrencia de esfuerzos hacen el progreso». Recordó también que, durante sus años en el campus de Pamplona, había vivido «en un ambiente de franca y abierta colaboración, factor determinante para culminar proyectos de otro modo inalcanzables». 

    Además, agradeció «de modo especial» la colaboración de todas las personas con las que había coincidido, tanto en el trabajo asistencial y en la docencia, como en la investigación: «Todos ellos han hecho realidad el CIMA con sus gestiones, aportaciones económicas o con un trabajo muchas veces escondido», así como a «tantas familias navarras y de otros puntos de España que han confiado en nosotros. Con su ayuda generosa han permitido que, aun en las épocas difíciles de crisis económica, continuara con fuerza la labor investigadora de la Universidad». 

    Por su parte, la profesora María Pilar Sesma, en su día la catedrática más joven en su área, afirmó que para ella la Universidad es corpus et alma mater: «Me acogió como alumna y me ofreció la oportunidad de dedicar toda mi vida profesional a las apasionantes tareas universitarias».

    En esta línea, explicó que, «como navarra», sentía el deber de agradecer a san Josemaría haber fundado el centro académico «posibilitando así la obtención de un título universitario a miles de navarros y navarras de familias de escasos recursos, dando un enorme impulso, que todavía continúa, al desarrollo económico y cultural de nuestra querida tierra». 

    Por último, María Ángeles Sánchez Bellón, directora de Enfermería de la Clínica entre 1980 y 2003, subrayó que «desearía para todos, en el ámbito universitario en su conjunto, lo que la Clínica ha sido para mí: el mejor sitio para trabajar, un lugar donde he recibido mucho más de lo que he dado». Y aludió a «las tareas que realizan enfermeras y las auxiliares de enfermería, a veces muy visibles, a veces ocultas, pero siempre valiosas». Ellas dan «a la Clínica el contenido, el estilo, la calidad y la cordialidad que todos conocemos y apreciamos». 

    Como responsable de impulsar la formación de las supervisoras y el desarrollo de la enfermería y el personal auxiliar, «a todas ellas que son las creadoras de ese ambiente, brindo con gusto esta Medalla, que es tan suya como mía. Su trabajo vale oro».

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