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  • La reputación universitaria en la aldea global

    Texto Lucía Martínez Alcalde [Com Fil 14] / Fotografía Manuel Castells [Com 87] 

    En el contexto actual, con casi veinte mil universidades en el mundo y en un escenario de crisis económica, la reputación ha cobrado una importancia vital para multitud de instituciones. Muchas de ellas se reunieron en el campus de Pamplona en el primer congreso internacional sobre reputación de universidades.


    Si las universidades tienen que competir entre sí para atraer a sus diferentes públicos —alumnado, profesorado, financiadores…—les conviene saber cómo las percibe cada uno de ellos. Uno de los elementos que ha multiplicado el interés por la reputación son los rankings, como apuntó Concepción Naval, catedrática de Educación de la Universidad de Navarra  y presidenta del Comité Científico del Congreso Building Universities' Reputation (BUR).

    Con esta perspectiva, Naval recalcó la importancia de no confundir calidad con éxito, y criticó el «peligro de poner el éxito como corazón de la educación, interpretando el éxito en función de categorías economicistas y tecnológicas». 

    «La calidad es objetiva, se da cuando algo es bueno, cuando cumple los requisitos que exige el modo de ser de algo», afirmó Naval. Aplicado al ámbito universitario, esto se traduce en la excelencia en sus fines propios: la docencia, la investigación y la transferencia de conocimiento.

    Cara y cruz de los «rankings»

     «En la gestión de la calidad existe un importante factor de percepción y de experiencias, y esto tiene que basarse en datos. Por eso los rankings usan indicadores medibles, reduciendo a números realidades tangibles: número de candidatos por plaza, número de profesores internacionales…», subrayó Pilar Lostao, vicerrectora de Relaciones Internacionales de la Universidad. Estos números se introducen en unas fórmulas con un factor de ponderación que finalmente proporciona un único número: esa cifra sitúa a la universidad en un puesto del ranking del que se trate. 

    Según Lostao, este sistema resulta de gran utilidad para la propia universidad y para quienes se plantean qué centro escoger, aunque en algunos aspectos puede parecer «frío y reduccionista», por lo que lanzó el reto de encontrar un sistema de medición que considere los intangibles en sus métricas, ya que son elementos importantes en la calidad de una institución.

    Jan Sadlak, presidente del Observatory on Academic Ranking and Excellence (IREG), señaló también algunos de los límites de este sistema de medición: «La mayoría se basan en universidades de élite centradas esencialmente en la investigación; suelen descuidar las artes, las humanidades y las ciencias sociales; hay una falta de transparencia en el manejo de los datos; se basan mucho en encuestas de reputación y se recurre en exceso a la publicación en inglés».

     

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