• Campus
  • Mons. Fernando Ocáriz, nuevo Gran Canciller

    Texto Juan Manuel Mora, vicerrector de Comunicación Fotografía Opus Dei y Archivo Fotográfico Universidad de Navarra

    Nacido en París en 1944 en una familia de exiliados, monseñor Fernando Ocáriz Braña es el más joven de ocho hermanos. Licenciado en Ciencias Físicas y doctor en Teología, ha sido profesor universitario y autor de una docena de monografías teológicas. Desde 2014 era el vicario auxiliar del Opus Dei.


    El Papa ha nombrado a monseñor Fernando Ocáriz prelado del Opus Dei. El Prelado es también, por su cargo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra. Es el cuarto, después de san Josemaría (hasta 1975) —fundador y primer Gran Canciller de la Universidad—, el beato Álvaro del Portillo (1975-1994) y Javier Echevarría (1994-2016). Además, Fernando Ocáriz es antiguo alumno de la Universidad de Navarra, donde recibió el doctorado en Teología en 1971, año en que se ordenó.

    El nuevo Prelado nació en París en 1944, estudió Físicas en Barcelona y lleva cincuenta años trabajando en Roma. Si tuviera que resumir su perfil en pocas palabras, elegiría estas: teólogo, universitario, con hondo sentido eclesial.

    Monseñor Fernando Ocáriz ha dedicado a la teología muchos años de estudio y de trabajo. Hasta el punto de que esa actividad ha marcado, en mi opinión, su modo de ser. Es amigo de la razón, de la lógica y los argumentos, de la claridad. Ha publicado libros y artículos sobre Dios, la Iglesia y el mundo, con esa amplitud de miras que proporciona la mirada teológica. Muestra un espíritu abierto en los debates: le he oído decir, por ejemplo, que «las herejías son soluciones equivocadas a problemas reales», animando así a aceptar la existencia de los problemas, a comprender a quien los detecta y a buscar soluciones alternativas aceptables.

    Además de teólogo, es un universitario. Profesor desde muy joven, quienes han asistido a sus clases afirman que suele lograr lo más difícil: hacer comprensible lo complejo. Sabe explicar y sabe escuchar. Tiene la paciencia del buen profesor, que todos los años debe empezar de cero con alumnos que llegan con pocos conocimientos y muchas preguntas.

    Desde la atalaya romana

    Gran parte del trabajo teológico de Fernando Ocáriz se ha desarrollado en el ámbito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que es consultor desde 1986. Durante veinte años trabajó cerca del cardenal Ratzinger, prefecto de aquella Congregación, en temas de dogmática, cristología y eclesiología. Un trabajo que requiere ciencia y también prudencia. Y, como suele suceder a los que trabajan en el Vaticano, la labor de consultor aporta un hondo sentido eclesial. Roma es una atalaya desde la que se conoce a la Iglesia en extensión y en profundidad. Uno de los documentos que presentó en el Vaticano fue precisamente el que está dedicado a la Iglesia como comunión, en 1992.

    Además de ser profesor de universidad y consultor del Vaticano, Fernando Ocáriz ha trabajado en la sede central del Opus Dei, siempre en el ámbito de la teología, la formación y la catequesis. Primero con san Josemaría, después con Álvaro del Portillo y finalmente con Javier Echevarría. De este último fue el colaborador más cercano durante veintidós años. En ese sentido se puede afirmar que conoce bien la realidad del Opus Dei del último medio siglo. 

    Su firma personal

    Además de estos datos de su perfil, ¿cómo es Fernando Ocáriz? De carácter sereno y trato fácil, amable y sonriente, no es amigo de la palabrería. De él pude aprender algo del arte de la escritura. Suele decir que para mejorar un texto casi siempre lo mejor es acortarlo, podar las palabras sobrantes, repetidas, imprecisas. Algo parecido ha escrito el literato italiano Leonardo Sciascia.

    No me extrañó saber que la Congregación contó con su ayuda para la publicación del Compendio del Catecismo, de la Iglesia Católica, excelente síntesis de un texto mucho más largo. Lo que digo en este artículo, él lo habría dicho más brevemente.

    A sus 72 años sigue practicando deporte, sobre todo, el tenis. Mantiene las cualidades del deportista: no importa el esfuerzo, nobleza obliga, no vale rendirse. También los teólogos pueden tener espíritu deportivo.

    Desde la Universidad de Navarra le hemos transmitido nuestros deseos de apoyarle en lo que esté en nuestra mano. Al final, casi todo en esta vida es labor de equipo.