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  • Magnanimidad al servicio de los demás

    Texto Redacción NT / Fotografía Archivo Fotográfico Universidad de Navarra

    El 12 de diciembre de 2016 falleció en Roma monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei y Gran Canciller de la Universidad de Navarra. Su sello episcopal recogía la máxima Deo omnis gloria (Para Dios toda la gloria), un buen resumen de su vida y su legado.


    Los testimonios sobre don Javier Echevarría (Madrid, 1932-Roma, 2016) coinciden en destacar su vocación universitaria, lo que le convertía en un enamorado de la institución, como sus predecesores san Josemaría y el beato Álvaro del Portillo.

    Con ocasión de su fallecimiento, se publicaron  numerosas semblanzas de don Javier. Los que le trataron le recuerdan rápido de cabeza, de buena memoria, con mucha chispa y poco amante del protagonismo. En una ocasión señaló en una entrevista: «Quizá hay un campesino en algún país de Europa, padre de familia, que aporta más al Opus Dei con sus virtudes que ningún monseñor».

    En su larga vida al servicio de la Iglesia y de la sociedad demostraba una magnanimidad genuina, tan propia del verdadero espíritu universitario. Como Gran Canciller solía utilizar una expresión reveladora: «Nunca decir basta». Tal y como ha recordado el rector Alfonso Sánchez-Tabernero, «la exigencia continua, que se hacía amable gracias a su talante cariñoso y a un sentido del humor vivaz —muy madrileño, me atrevería a decir—, se fundamentaba en su pasión por la búsqueda de la verdad en todos los ámbitos del saber. De ahí su impulso constante a las iniciativas que contribuyeran a desarrollar una docencia y una investigación científica rigurosa, más allá de atajos, sin plegarse a las modas intelectuales.  Según declaró en cierta ocasión, “afirmar que la universidad está para servir a la verdad supone optar por una revolución lenta, pero que es, en definitiva, la única eficaz y profunda”».