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  • Los otros profesionales del campus

    Fotografía Manuel Castells [Com 87], Javier Velilla [Com 12] y María Martínez Orbegozo [Com 13]

    La mayor parte de las casi 20.000 personas que conviven en la Universidad de Navarra son alumnos y profesores, pero junto a ellos trabajan otros profesionales que hacen posible que el campus funcione, y que sea además un lugar agradable y acogedor.

    Emilio Herrero retira uno de los libros que le han solicitado en la Biblioteca.

    EMILIO HERRERO Empleado de la Biblioteca

    RODEADO DE LIBROS

    Emilio Herrero tenía siete años cuando pisó por primera vez el campus de la Universidad de Navarra, que en realidad era entonces una sucesión de campos de cereal a las afueras de Pamplona. Corría el año 1959 y aún faltaban unos meses para que se colocara la primera piedra del Edificio Central, pero su padre, Valentín Herrero, ya había empezado a trabajar en las obras del futuro campus. Luego sería el encargado de mantenimiento del Colegio Mayor Belagua.

    Emilio se incorporó a la Universidad en 1971, con veinte años. Trabajó inicialmente en el mantenimiento de las torres del Colegio Mayor Belagua y desde hace doce años es empleado del Servicio de Biblioteca. Procede del pueblo navarro de Zubiri, se casó hace treinta años y es padre de dos hijos.

    Todas las mañanas, a las 8.00 horas, Emilio se pone el uniforme –traje gris, camisa blanca y corbata–, saluda a sus compañeros e inicia su jornada laboral. El lugar donde habitualmente pasa más horas es uno de los mostradores. Hoy se ha encontrado allí con una caja de cartón con varios libros que debía forrar antes de colocarlos en las estanterías. Cuando termina con el último libro, un estudiante se acerca al mostrador y solicita un manual de Finanzas. Lo había reservado por Internet y el volumen ya se encuentra preparado para su entrega, después de que el personal del depósito lo haya enviado puntualmente. 

    Uno de los principales retos de Emilio –y de todos cuantos trabajan en la Biblioteca– es que los alumnos estudien allí a gusto, que encuentren un buen ambiente de trabajo y sean conscientes de que se les facilitará toda la ayuda que necesiten. Por eso, mientras atiende a los estudiantes, a la vez que se encarga del préstamo de libros, cuando capta nuevos ejemplares o procura que todo esté limpio y en orden, Emilio está poniendo un rostro concreto, el suyo, al trabajo de otros empleados que también hacen posible ese servicio que la Universidad presta a alumnos y profesores. Emilio asegura que sus compañeros son “gente de bandera, profesionales a los que no se les ve, pero que llevan a cabo una labor extraordinaria”.

    Una de las ventajas de su puesto es que le ha permitido conocer a muchísimas personas. Si cada una de las que se han acercado a su mostrador le hubiese dado una fotografía, podría haber empapelado toda una habitación. Muchos de los graduados de la Universidad sonreirán al cruzárselo a la vuelta de los años o al descubrirle en la fotografía que acompaña estas líneas. Y es que él, según cuenta, no se imagina trabajando en otro sitio que no sea la Universidad de Navarra.

    María Martínez Orbegozo [Com 13]