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  • Investigar para no olvidar

    Texto Patricia Sáinz de Robredo [Com 08], periodista

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS-WHO), más de mil millones de personas sufren «enfermedades tropicales desatendidas», también conocidas como «enfermedades olvidadas». Afectan principalmente a países en desarrollo, y apenas un reducido porcentaje de especialistas investiga para curarlas. Entre la instituciones españolas que lo hacen se encuentra el Instituto de Salud Tropical de la Universidad de Navarra (ISTUN), donde medio centenar de profesionales biosanitarios (médicos, farmacéuticos, biólogos, bioquímicos...) investigan para encontrar una cura. 

    —Formación. El profesor Ignacio Moriyón viajó en 2015 a Uganda para impartir un curso de formación.

    Andrés Vacas [Bio 11] nació en Ecuador. Tras cursar Biología gracias a una Beca Alumni y realizar el máster de Investigación Biomédica, Andrés decidió investigar en una dolencia concreta: la leishmaniasis. «Es una enfermedad que tiene en riesgo de infección a trescientos millones de personas en el planeta y ya existen doce millones de enfermos. Su consecuencia más grave es que sumerge a las regiones que la padecen en un ciclo que no les permite mejorar: es una enfermedad que impide el desarrollo económico de las zonas afectadas, al condicionar a sus habitantes en el desempeño de tareas», explica. Pero ¿por qué profundizar en una dolencia que pocas veces aparece en los medios de comunicación? «El Instituto de Salud Tropical de la Universidad (ISTUN) tenía un proyecto sobre Biología Molecular que me pareció que ofrecía un gran futuro profesional y, sobre todo, porque me animaba pensar que estudiando esta enfermedad podría aportar mi granito de arena. Creo que cada paso que demos permitirá mejorar la calidad de vida de quienes más lo necesitan», añade Andrés.

    «Además, cuando decidí investigar sobre esta enfermedad me di cuenta de que ni yo mismo conocía la gravedad que este problema supone para Ecuador y América Latina. Hasta esa fecha no me había planteado que incluso las figuras de cerámica de arte precolombino muestran desfiguraciones que retratan esta dolencia. Podría decirse que al ser una enfermedad “desatendida”, incluso en las regiones donde es endémica, como mi tierra natal, no somos conscientes de las dimensiones del problema». 

    Cambiar la bata por la pizarra


    Aunque la labor de estos investigadores es de «bata y laboratorio», el ISTUN trata de promover los viajes a países afectados para conocer la realidad y compartir los avances científicos que se logran. Además de las infinitas horas de microscopio, los investigadores imparten cursos donde enseñan los aspectos clínicos de las enfermedades, técnicas de diagnóstico y posibles estrategias de vacunación.

    Raquel Conde [Bio 02 PhD 09], investigadora de brucelosis en el ISTUN, ha participado durante varios veranos en estos programas. «Creo que resultan muy valiosos, pues te descubren una doble realidad. Por un lado, el interés y la gran motivación que tienen las poblaciones autóctonas. Por otro, porque los escasos materiales de los que disponen te obligan a adaptarte a lo sencillo y te recuerdan para quién estás trabajando».

    Sus experiencias en Marruecos en 2012 y en Tanzania en 2013 le sirvieron «para mantener los pies sobre la tierra». «No podemos plantarnos allí con la idea de que somos salvadores. Los veterinarios, ganaderos y personas a las que formamos tienen grandes conocimientos. Por eso, antes de ir, hay que estar bien preparado», señala. No obstante, «la constancia, favorecer la comunicación y lograr mayores apoyos económicos» potenciarían la labor que ya se desarrolla. «Está claro que en ocasiones surgen dudas sobre si les ayudamos realmente. Nosotros intentamos proporcionarles la formación adecuada, pero la gran cantidad de información que se maneja en la actualidad es un arma de doble filo que a veces puede crear confusión». 

    Aun así, el resultado es positivo. Hasta cierto punto, estas expediciones favorecen que los investigadores cambien la concepción que tienen de su propia labor. Desde el punto de vista humano, esto representa una fuente de motivación. «Yo todavía sigo en contacto con una estudiante que conocí en Marruecos y que en la actualidad hace su tesis doctoral entre su país y Suiza. He podido “seguirla a distancia” y animarla a continuar su formación en momentos en los que, por factores culturales y sociales, se replanteó su carrera profesional».

    Trabajar aquí para los de allí.
    Amaia Zúñiga [Bio 06 PhD 12] también investiga la brucelosis. En 2012 visitó Marruecos y, en 2015, Uganda. Reconoce que después de trabajar sobre el terreno tiene una sensación contradictoria. «Tienen muchísimo interés por lo que enseñamos, y pienso que les puede servir de gran ayuda. Al mismo tiempo te preocupa que, como en otros ámbitos, existen intereses encontrados». De hecho, en algunas ocasiones conviene insistir en que el criterio principal para luchar contra estas enfermedades es el científico, en lugar del comercial o el económico. 

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