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  • En clase con don Leonardo

    Texto María Antonia Labrada [Fía 79] Fotografía Manuel Castells [Com 87]

    Singular filósofo español del siglo XX, la obra de Leonardo Polo se hacía palabra y gesto en sus clases, inolvidables para sus discípulos.


    Los que hemos tenido la suerte de asistir a las clases o seminarios de Leonardo Polo añoramos –al leer sus libros– su modo tan genuino de filosofar. Aunque muchas de las publicaciones al respecto sean transcripciones de su enseñanza oral, el texto no puede reproducir los gestos, el énfasis, las repeticiones, los silencios, la tensión intelectual en definitiva, en que se decantaba el sentido de sus palabras.

    Cuando el profesor Polo entraba en el aula colocaba sobre la mesa una gran cartera que jamás abría. Nadie supo nunca qué contenía. Después se sentaba, se encogía sobre sí mismo y empezaba un monólogo apenas audible. Sin embargo, nadie desconectaba. Se imponía más bien un silencio respetuoso en el que intentábamos descubrir el contenido de su exposición. Poco a poco, a medida que se iba incorporando, miraba a las personas que tenía delante y sus palabras empezaban a oírse. Se iniciaba entonces una exposición in crescendo. Notábamos la energeia del pensamiento, que jamás era pensamiento pensado, sino pensamiento en acto: la famosa praxis teleia que tantos aprendimos de su magisterio.

    A esas alturas de su discurso la expectación en la clase era total. El tema desa- Singular filósofo español del siglo XX, la obra de Leonardo Polo se hacía palabra y gesto en sus clases, inolvidables para sus discípulos. rrollado llegaba a su cumbre, donde se advertían conexiones con otros campos del saber: ciencia política, sociología, psicología, física, matemáticas o teología. Se abría ante nosotros un panorama inabarcable y todos participábamos del gozo de su descubrimiento.

     

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