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  • Cincuenta años presidiendo la vida del campus

    Texto Francisco Ponz, rector entre 1966 y 1979 / Fotografías Archivo Fotográfico Universidad de Navarra

    En un lugar elevado del campus de Pamplona, junto a uno de los senderos del Camino de Santiago, hay una pequeña ermita llena de encanto en la que se venera imagen de la Virgen María, Madre del Amor Hermoso, regalo de san Josemaría. Este curso se cumplen cincuenta años de su bendición en Roma por el Papa Pablo VI y de su llegada a Pamplona.

    —De Roma a Pamplona. El 8 de diciembre de 1966 se inauguró la ermita de la Madre del Amor Hermoso en el campus. La imagen de la Virgen, obra del escultor italiano Pasquale Sciancalepore, llegó a Pamplona el 22 de febrero de ese mismo año.

    Cuando a partir de 1960 se fueron levantando los primeros edificios del campus de la Universidad en Pamplona, san Josemaría quiso que una de las construcciones, modesta pero de singular significación, fuese una ermita en la que se venerara una imagen de Nuestra Señora, que sería regalo suyo, para que presidiera la vida que bulle en el campus universitario. 

    En el verano de 1963, san Josemaría anunció personalmente ese proyecto: «Hace muchos años hice el propósito de enviar una imagen de la Virgen, que estará a poca altura, no al alcance de la mano, pero sí al de las miradas. La imagen será de tamaño natural y el Niño estará apoyado sobre libros; al pie pondremos: Sancta Maria Mater Pulchrae Dilectionis, y me dará mucha alegría que todos tengan cariño y piedad a esta imagen».

    La talla se encargó a Emilio Sciancalèpore, un artista romano, que años más tarde esculpió la imagen del Cristo vivo en la Cruz, de la Capilla de Torreciudad. En una nota autógrafa del 19 de abril de 1963, san Josemaría daba orientaciones muy precisas sobre cómo debía ser y, fruto de su piedad, añadía un mensaje para Sciancalèpore: «Que rece cada día un avemaría a la Madonna, antes de ponerse a trabajar». 

    El escultor siguió fielmente esas indicaciones y cinceló la imagen, de una altura aproximada de 1,70 m,  en mármol blanco estatuario, pulimentado y patinado. Es una imagen preciosa, como Madre y Reina, llena de majestad y dulzura. La Virgen está sentada: un velo le recoge los cabellos y desciende sobre sus hombros. El manto, con orla dorada, cae en pliegues sobre la túnica. El Niño, de pie sobre un rimero de libros, sujeto de la cintura por el brazo de su Madre, bendice con una mano y sostiene una rosa dorada con la otra. En los lomos de los libros aparecen los títulos de las dos facultades iniciales, Derecho Civil y Medicina, y el de la primera eclesiástica, Ius canonicum. Se terminó de esculpir avanzado 1964 y se guardó en Roma, en Villa Tevere —sede central del Opus Dei—, hasta el momento oportuno. 

    En  octubre de 1964, aprovechando la visita del Fundador a Pamplona, con motivo de una investidura de doctores honoris causa y de la primera gran Asamblea de Amigos de la Universidad, un grupo de estudiantes le preguntó por la imagen. El Gran Canciller dejó abierta la posibilidad de que fueran a buscarla a Roma. Un viaje que tomó forma dos meses más tarde a través de una carta. Cincuenta residentes del Colegio Mayor Belagua le transmitieron a san Josemaría su ilusión por devolverle la visita en Roma, ver al Papa y recoger la imagen. El Fundador se conmovió y aceptó su propuesta. En la carta que envió el 17 de diciembre les explicó que habría que esperar más o menos un año. «Dentro de pocos días, sin embargo, os enviarán unas fotografías de esa imagen: podréis así comenzar a tenerle devoción y a encomendar tantas preocupaciones y deseos nobles. Yo también lo haré, pidiéndole por vosotros». 

    Bendición papal de la imagen en Roma

    Con el recuerdo del cruce de este correspondencia, la Universidad organizó un viaje a Roma, del 19 al 25 de noviembre de 1965, al que se inscribieron un centenar de profesores y alumnos. Los numerosos residentes del Colegio Mayor Belagua, ataviados con el uniforme de la época, asistieron el 21 de noviembre a las 17 horas a la Santa Misa presidida por Pablo VI en la parroquia de San Juan Bautista, en el barrio obrero de Tiburtino. 

    Tras la inauguración del Centro ELIS, iniciativa del Opus Dei, dedicado a la formación profesional de la juventud trabajadora, tuvo lugar la bendición de la imagen. «Para ahorrar molestias al Papa —comentó después san Josemaría— pedí que fuera una bendición sencilla, solo signo crucis. Pero Pablo VI quiso bendecirla solemnemente... Hasta en estos detalles mostró su cariño por la Obra». 

    El día 23, el Gran Canciller recibió al grupo de estudiantes. Les explicó que la imagen no podría ser llevada entonces a Pamplona, porque era preciso terminar algunos pequeños detalles. La recibieron en el Colegio Mayor Belagua unos meses más tarde, el 22 de febrero de 1966.

    Durante la apertura del curso 1966-67 se anunció que la imagen presidiría pronto desde su ermita «la vida que bulle en nuestro campus universitario». Y poco después, terminadas las obras de la ermita, se instaló en ella para que pudiera quedar al culto con ocasión de la festividad de la Inmaculada Concepción de María, el 8 de diciembre.

    ¿Cómo sería la ermita?

    San Josemaría había dado orientaciones acerca de las características de la ermita que se habría de construir. Debía estar en un lugar algo elevado, que fuese a la vez fácilmente accesible y retirado, no en una vía principal. 

    Al iniciarse 1966 se encomendó la construcción a Heliodoro d’Ols, que se ocupaba también del proyecto de las grandes obras del santuario de Torreciudad. El arquitecto se inspiró en algunos humilladeros de Navarra, más en concreto en el del pueblo de Huarte. La ermita estuvo lista a finales de noviembre, cuatro meses después de haberse iniciado las obras.

    Tres arcos de medio punto permiten que la imagen sea visible por delante y por los laterales. Por indicación de san Josemaría, como medida de seguridad, esos tres lados diáfanos están cerrados con rejas de hierro forjado. Posteriormente se instaló vidrio de seguridad, además de la reja, para que la imagen quedara protegida.

    El pavimento de la ermita es de mármol verde. La pared del fondo está cubierta por un mosaico de oro y grises que representa ángeles músicos y cantores que sostienen un manto adornado con rosas, obra de José Alzuet, que se instaló en 1968. A un lado de la imagen hay una guardia de candelas, en primer término una alcancía y en los ángulos derecho e izquierdo, dos lámparas votivas.

     

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