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  • 50 años sentando cátedra. Urte katedra errotzen

    Texto Íñigo Zulet, Isabel García, Iñaki Urbina, Itziar Pérez, Iraia Ceballos, César Jaurrieta, Rocío Herráiz, Miren Izaro Arbilla, Ion Pagoaga, Sofía Urbiola, Eva Fernández e Isabel Zuleta. Fotografías Archivo fotográfico de la Universidad de Navarra y Cátedra de Lengua y Cultura Vasca

    La Cátedra de Lengua y Cultura Vasca-Euskal Kultur eta Hizkuntz Katedraren de la Universidad de Navarra celebra su quinquagésimo aniversario. Desde 1963, su misión es impulsar la cultura en euskera, con la mirada puesta en un futuro itinerario de estudios vascos en la Universidad.


    EL FUTURO

    María del Mar Larraza

    Directora de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca Euskal Kultur eta Hizkuntz Katedraren Zuzendaria

    Quizá deba comenzar afirmando una obviedad: el futuro de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca no se entiende sin su pasado. Nació hace cincuenta años con la “doble tarea de la enseñanza y la investigación científica” y ha sido fiel a ese objetivo dejándonos un significativo legado, que ahora recordamos con mucho orgullo. 

    Mi más sincero reconocimiento a todos aquellos que lo han hecho posible: a José Miguel de Barandiaran, José Basterretxea, Pilar Gorostiaga, Ana Echaide, Mª Amor Beguiristain y Asier Barandiaran, principalmente, sin olvidar a su inspirador, Antonio Fontán, pero también a otros muchos –profesores, alumnos, el grupo Abarrots, investigadores, ponentes y artistas invitados-, que han contribuido a mantener viva la presencia de la lengua y la cultura vasca en la Universidad, y que nos permiten mirar con esperanza el futuro.  

    Nuestro compromiso podría concretarse en cuatro grandes líneas de actuación: la primera pasa por dar un nuevo impulso a la docencia en euskera y también a la impartida en castellano sobre tema vasco, a partir de la oferta de un Itinerario de Estudios Vascos; la segunda apuesta por la interdisciplinariedad y la relación de la Cátedra con las distintas facultades universitarias; la tercera se propone mantener la tradición investigadora, principalmente centrada en la etnología, la historia y la cultura; y la cuarta pretende proyectarnos más allá del ámbito universitario, particularmente a través de la realización de actividades abiertas al público, que aspiramos puedan convertirse en lugar de encuentro de distintas sensibilidades. Una convicción de fondo late tras todo ello: que la convivencia de lenguas y culturas trae el enriquecimiento mutuo.

    Agian hasi beharko dut ebidentzia bat baieztatuz: Euskal Kultur eta Hizkuntz Katedraren etorkizuna ezin da ulertu bere iraganik gabe. Duela 50 urte jaio zen, “ikerketa zientifikoaren eta irakaskuntzaren eginkizun bikoitzarako” jaioa, eta helburu horri leiala izan zaio; ondare esanguratsua utzi digu, orain harrotasunaz aldarrikatzen duguna. 

    Ene ezagutza beroena posible egin duten guztiei: batez ere José Miguel Barandiarani, José Basterretxeari, Pilar Gorostiagari, Ana Echaideri, Mª Amor Beguiristaini, Asier Barandiaranieta eta, katedraren inspiratzailea ahaztu gabe, Antonio Fontáni. Baita beste askori ere – irakasle, ikasle, Abarrots taldea, iker-tzaile, hizlari eta gonbidatutako artistei-, Unibertsitatean euskal hizkuntzaren eta kulturaren presentzia bizirik mantentzen lagundu baitute eta etorkizunari itxaropenaz begiratzea ahalbidetzen baitigute.

    Lau ildo nagusitan gauzatu daiteke gure konpromisoa. Lehenengoak eskatzen du bultzada berria ematea euskarazko irakaskuntzari, baita erdaraz irakatsitako euskal gaiez buruzkoari  ere, Euskal Ikasketen Ibilbidearen eskaintzatik. Bigarrenak apustua egiten du, interdiziplinitatearen eta Katedraren beste unibertsitate-fakultateekiko erlazioaren alde. Hirugarrenak tradizio ikertzailea mantendu nahi du, batez ere etnologian, historian eta kulturan zentratua. 

    Laugarrenak unibertsitate-eredutik harantz proiektatzea nahi gaitu, publikoari irekita dauden ekintzen bidez bereziki, sentsibilitate ezberdinen elkargune bihurtu nahi ditugun ekintzak. 

    Uste sendo bat dago honen guztiaren atzean: hizkun-tzen eta kulturen elkarbizitza elkarren aberastea dakarte.

     

    LENGUA Y CULTURA SE UNEN

    Este año la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra celebra su cincuenta aniversario. Recordamos su historia.

    Una historia que continúa recorriendo su camino. Sus dos pilares fundamentales, la lingüística y la etnología, siguen activos. Y a pesar del relevo generacional, el objetivo primordial de sus protagonistas se mantiene: el estudio de la lengua y la cultura vascas. La determinación de dos figuras, Antonio Fontán y José Miguel de Barandiaran, para solventar una carencia en la sociedad navarra hicieron posible, el 16 de noviembre de 1963, la fundación de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra. 

    La relación de Fontán, latinista y decano de la Facultad de Filosofía y Letras, con el lingüista vasco Koldo Mitxelena había sido decisiva para el logro de uno de los primeros y grandes pasos de la Cátedra: el apoyo al proyecto del arqueólogo y antropólogo José Miguel de Barandiaran

    “Nuestro propósito -le diría Fontán- es convertir esa cátedra, no sólo en una tribuna docente, sino en un núcleo de investigación de las cuestiones lingüísticas, filológicas, etnológicas… planteadas en el mundo cultural vasco”. La idea se haría realidad tras el acuerdo con la Diputación, quien en los primeros años patrocinó la docencia y la investigación a través de la Institución Príncipe de Viana.

    El comienzo del camino. Desde su fundación hasta 1978, la dirección de la Cátedra recayó en Barandiaran, también responsable del área de Cultura, y la subdirección en el profesor de Arqueología Alejandro Marcos. Por su parte, los profesores José Basterretxea ‘Oskillaso’, Ana Echaide y Pilar Gorostiaga organizaron cursos de euskera, que darían paso a la enseñanza de Lingüística vasca para estudiantes de Filología. 

    No obstante, uno de los pilares más importantes de la Cátedra que se fraguaron en esta etapa fueron los estudios etnológicos impulsados por Barandiarán, principalmente a partir de la fundación del grupo Etniker Navarra. Después de catorce años dedicados a la docencia y la investigación dentro de la Cátedra, en 1979 Barandiaran se despidió de sus discípulos. Su legado en la dirección lo recogió Ana Echaide. Junto a ella, Mª Amor Beguiristáin se hizo cargo de la subdirección, así como del área de Etnología. 

    Incentivar a los alumnos.  A fines de los años ochenta dieron comienzo los cursos electivos en colaboración con otras Facultades del campus. Tal impulso a los estudios vascos vino acompañado en los noventa por el nacimiento del grupo Abarrots, integrado por jóvenes interesados en difundir el euskera y la cultura vasca en la Universidad. Poco antes, el nuevo plan de estudios de 1992 incrementó la oferta de optativas y permitió la expedición de títulos propios, haciendo posible la creación del Diploma de Estudios Vascos de manos de la propia Ana Echaide y del director del Departamento de Historia, Ignacio Olábarri. Tuvo una notable aceptación entre los alumnos. En 2002 Ana Echaide fue cedió el testigo a Mª Amor Beguiristáin, y Mª Mar Larraza tomó el cargo de subdirectora y encargada del área de Historia. 

    En esta etapa la viabilidad de la Cátedra se vio muy afectada por la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior (Plan Bolonia), que eliminó la interdisciplinariedad característica del Diploma de Estudios Vascos.

    Actualmente la Cátedra emprende su renacimiento. Bajo la dirección de Mª Mar Larraza se plantean nuevos retos de futuro, aunque sin perder el objetivo inicial: el estudio y difusión de la lengua y la cultura vasca en la Universidad.

     

    ABARROTS, LA OTRA CÁTEDRA

    Más allá de la actividad académica, muchos alumnos de la Universidad de Navarra se unieron para fomentar el euskera dentro del campus.

    En 1993, treinta años después de que naciera la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca, muchos alumnos euskaldunes que estaban preocupados por la situación del euskera decidieron reunirse para fomentar la cultura vasca en el campus, más allá de las clases. Así fue como nació Abarrots. Organizaron charlas, conciertos, sesiones de bertsolaris, concursos de poesía, proyecciones de películas en euskera, talleres de txalaparta… 

    “También celebrábamos la Euskal Astea, la semana vasca, que era el núcleo de todos los acontecimientos, aunque durante el año había actos concretos”, explica el periodista Ander Izagirre

    El dúo Alaitz eta Maider, el cantautor Benito Lertxundi, el escritor Pako Aristi, los montañeros y hermanos Iñurrategi o el político Xabier Arzalluz fueron algunos de los invitados con los que contó Abarrots. Mikel Reparaz, responsable de la sección Internacional en Euskal Telebista, estuvo allí desde el minuto cero.

    “Decidimos crear una comunidad entre nosotros e impulsar la vida en euskera y la cultura vasca entre los universitarios, además de reivindicar la presencia de nuestra lengua en la universidad”, señala Reparaz, que fue uno de los fundadores de Abarrots junto con otros estudiantes de Periodismo como Xabier Carrillo, Ander Usabiaga o Iñigo Herce.

    A pesar de que Abarrots surgiera sin ninguna vinculación con la Universidad de Navarra, sus miembros pronto se pusieron en contacto con la Cátedra para conseguir ayuda económica. Uno de los profesores que más se implicó fue Asier Barandiaran, por entonces secretario del Diploma de Estudios Vascos. 

    Hotsa y kulturaren lapikoa. Pero Abarrots no se ciñó a organizar conferencias. El hecho de que muchos de los miembros estudiaran en la Facultad de Comunicación se dejó notar en dos aspectos. Por un lado, en la revista Hotsa, una pequeña publicación creada a mediados de los noventa por iniciativa de los alumnos Ander Izagirre, Joxerra Senar, Asier Azpilikueta y Mikel Reparaz. Por otro lado, en la radio de la universidad, que contaba con un programa en euskera, Kulturaren Lapikoa, donde se abordaban temas relacionados con la cultura vasca y se informaba de sus actividades.

    Desaparición de abarrots. Con el paso del tiempo, Abarrots fue perdiendo la fuerza que tenía en sus primeros años, y dejó de existir en 2011. A pesar de su desaparición, Alejandro Pulido, estudiante de Historia, se ha propuesto recuperar Abarrots, que se integrará y contará con el apoyo de la Cátedra. Porque, como dice Imanol Manterola, “la cultura en general no puede ser algo ajeno a la universidad, y mucho menos si existe interés entre los alumnos.

     

    BARANDIARAN, UN INTELECTUAL HUMILDE

    La estela de José Miguel de Barandiaran no ha hecho más que crecer tras su fallecimiento. Brilló en vida y hoy su recuerdo sigue presente, no sólo por su ingente obra intelectual sino también por su calidez humana y sencillez.

    Con sólo 14 años y tras sacar dos cursos en un solo año en la Preceptoría de Baliarrain, José Miguel de Barandiaran volvió a Atáun “echando cohetes” desde el tren. Su madre le dio una lección que jamás olvidaría. 

    Señalando el manzano que había en la entrada de su casa le dijo que tenía que ser como aquel árbol “cuanto más cargado de manzanas, está más bajo, más humilde”. Y así fue José Miguel, un hombre lleno de sabiduría y de humildad al mismo tiempo.

    Es 31 de diciembre de 1889 y en un pequeño pueblo del Goierri, en Atáun, nace José Miguel de Barandiaran. El más pequeño de nueve hermanos crecerá en un caserío del barrio San Gregorio, en un ambiente familiar de gran apego y cariño. A sus 14 años decide cursar los estudios para ser sacerdote. Se ordena con 25, y ejerce durante más de 77 años. 

    Durante las vacaciones de 1913 viaja a la Universidad de Leipzig en Alemania, donde conoce al profesor Wundt, muy influyente en su formación autodidacta sobre la Etnología y la Antropología ya que le encauzó en la investigación etnográfica sobre su propio pueblo. 

    En el año 1916 Barandiaran orienta definitivamente su carrera. Junto con los profesores Telesforo de Aranzadi y Enrique Eguren investiga, prospecta y excava durante 20 años, elevando el estudio de la Prehistoria vasca a un plano científico. La guerra le sorprende excavando en Urtiaga y tiene que partir al exilio. Primero a Biarritz y más tarde a Sara, donde seguirá con sus investigaciones prehistóricas y etnográficas. Una ficha en la Dirección General de Seguridad de Madrid, donde le acusaban de filo judío y filo masón, le dificultó el regreso. Tras 17 años en el exilio vuelve a Atáun junto a su sobrina Pilar, que le acompañará hasta su muerte. En 1964 la Universidad de Navarra tiene la perspicacia de llamarle para impartir lecciones sobre Etnología Vasca dentro de la Cátedra de Lengua y Cultura Vascas. 

    En sus alumnos dejó muy presente la importancia de la obtención de datos, así como el “ir y volver” a los sitios y a donde las personas de estudio.

    Constante en el trabajo, un hombre novedoso, meticuloso, ingenioso, solitario, extremadamente afectuoso, austero, cordial, con apariencia de tímido, muy respetuoso y terriblemente tolerante. Murió con 101 años dejando huérfanos al mundo de la Cultura y la Etnografía vasca. Sus discursos humanos, sin embargo, han quedado muy grabados en la mente de todos los que compartieron algo con él.

     

    ETNIKER, UN PROYECTO COMÚN

    Los grupos Etniker se reúnen para intercambiar experiencias y comentar las investigaciones realizadas en cada una de las regiones diferenciadas vascas.

    Etniker es un término que significa investigación étnica. En nuestro caso es el estudio de la cultura tradicional del pueblo vasco y del proceso de su evolución contemporánea. Etniker Navarra se puso en marcha en 1964 como complemento a la Cátedra. 

    Sus miembros tienen como cometido investigar y dar a conocer la vida de un pueblo o un barrio, “de suerte que los elementos de la cultura que se estudia aparezcan en su perspectiva socio-cultural”, tal y como dejó escrito José Miguel de Barandiaran en la inauguración de la primera reunión de Etniker Euskalerria en 1976 en el santuario navarro de San Miguel de Aralar. 

    Para entonces se había planteado la necesidad de elaborar un atlas cultural vasco, pero no fue hasta 1987 cuando Etniker Vizcaya presentó un proyecto. 

    En adelante, los grupos Etniker de los distintos territorios comenzaron una andadura juntos, recopilando, registrando e interpretando los hechos culturales que configuran la vida tradicional de una localidad mediante la aplicación de un cuestionario de cerca de ochocientas preguntas. Una labor callada pero satisfactoria que ha hecho realidad la publicación de siete tomos de los quince previstos. Para llevar a cabo la elaboración del Atlas Etnográfico de Vasconia y su publicación, el Instituto Labayru de Derio alberga la Secretaría Técnica del Atlas. 

    Los cinco equipos se reúnen cada año en una localidad distinta con la idea de evaluar el trabajo realizado y planificar nuevos objetivos. Las lecciones maestras que Barandiaran inculcó a sus discípulos permanecen hasta hoy como una huella imborrable en su filosofía de trabajo.

     

    UNA CÁTEDRA EN FEMENINO

    Durante el medio siglo de vida de la institución, tres mujeres han sido responsables de dirigirla. Las directoras cuentan la experiencia de su mandato.

    Ana Echaide. Después de que Barandiaran pusiera en marcha la cátedra y fuera el encargado de regirla, Ana Echaide fue la primera directora oficial. En una primera etapa realizó un estado de la cuestión: “Había que ver en qué situación se encontraban los estudios de Filosofía y Letras, el euskera en Navarra y fuera de ella y cómo eran los que había sobre el euskera”, indica la ex directora. En esa fase inicial se vio claramente que una universidad situada en Navarra debía fomentar la investigación en todos los campos relativos al euskera”. 

    En una segunda etapa tuvo lugar lo que podría llamarse el esplendor de la cátedra. “Se ofreció la posibilidad de tener un diploma –afirma Echaide-. Esto tenía una ventaja indudable: alumnos de todas las facultades venían a cursar nuestras asignaturas, y fue la manera en que se dio un empujón a la lengua y a la cultura vasca en toda la universidad, no sólo en la propia facultad de Filosofía y Letras”. 

    Actualmente, la Cátedra se encuentra en una nueva fase. “Ahora mismo hay muchas posibilidades respecto al conocimiento de la lengua, no es la situación previa, cuando fuimos los primeros. Antes no había nada y ahora hay de todo, por lo que es más interesante la relación entre distintos campos de la cultura, literatura...”, señala Echaide, quien dejó la Cátedra en 2002.

    María Amor Beguiristáin. “La marcha de Ana hizo que me encargase de la dirección, pero mi vinculación con la Cátedra se inició cuando era estudiante, ya que el subdirector de la misma me preguntó si atendería a don José Miguel de Barandiaran, si querría ser secretaria de Etniker (...). Durante muchos años fui siguiendo su trayectoria en la docencia, y sobre todo en el campo de la Etnología, al que yo me sentía más vinculada”, indica la ex directora.

    Beguiristáin considera fundamental el interés por parte de los alumnos: “Un alumnado interesado en lo más importante. Cuando el alumnado se desinterese será la muerte de la Cátedra”, afirma. “Tal vez un elemento diferenciador entre los comienzos y ahora sea el interés por el conocimiento. Antes había hambre de conocer, de saber, no de engrosar el currículum”, señala. Pero esto no es un problema de los alumnos, sino del plan actual de estudios: “Ahora las carreras son de 4 años y 240 créditos. Antes había tiempo para ir a conferencias y otros actos, ahora hay que compatibilizarlo con el resto de estudios, idiomas, etc., con lo cual falta tiempo. Por ello hay que hacer cosas que resulten compatibles, tenemos que despertar el interés mediante actividades factibles”, afirma. 

    Actualmente, la encargada de afrontar ese reto consistente en hacer compatibles interés y utilidad es la nueva directora, Mª Mar Larraza.

    Mª Mar Larraza. Para ella hacerse con este relevo supone un orgullo y un desafío. La situación que le ha tocado afrontar ha sido el reciente cambio de estudios al conocido Plan Bolonia. La necesidad de homologar asignaturas para favorecer el intercambio de alumnos y la tendencia a la especialización han repercutido negativamente en el estudio y difusión de la cultura local dentro de la Universidad. 

    No obstante, ha habido un aspecto positivo e imprevisto del nuevo plan y es haber propiciado la renovación y revalorización de la Cátedra: “Con Bolonia desaparece de muerte dulce el diploma, pero eso mismo nos ha hecho recapacitar y ver que en ese mundo de globalización no se puede perder lo propio –destaca la directora-. Hemos sentido la necesidad de recuperar una parte de nuestra cultura”, indica. 

    Con respecto a los objetivos que se proponen ahora desde la Cátedra, Larraza destaca la creación de un Itinerario de Estudios Vascos: “Hemos planteado crear un paquete de asignaturas con un nexo común: la lengua y la cultura vasca”, asignaturas que asimismo resulten de interés para otras facultades además de la de Filosofía y Letras. “De esta forma la Cátedra volvería a estar presente en todo el campus y no solo a través de la docencia, sino también de la realización de actividades conjuntas”, concluye Larraza.