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  • Rafael López de Ceráin: “El sentido de la intimidad absoluta se pierde con el paso de los años”

    Texto Blanca Rodríguez-Guillamón [Com His 15] Fotografía Manuel Castells [Com 87]

    Estudió Derecho en la Universidad de Navarra pero ha dedicado su vida a una pasión muy distinta: la poesía. 

    —En su biblioteca. El interés de Rafael por la poesía despertó gracias a su padre, que le leía poemas de Antonio Machado cuando era niño.

    ¿Qué le sugiere “Poesía”?

    Eres tú.

    Dijo Bécquer.

    Sí, “Poesía eres tú”, dijo él. También es inteligencia y sensibilidad.

    Si tuviera que representar la poesía, ¿cómo lo haría? ¿Qué sería para usted? Un amanecer, una risa, una mujer...

    Un amanecer, porque es una forma de abrirse. Los sentimientos están dentro de cada uno y son positivos, negativos; son alegría, tristeza... La poesía es una forma de sacarlos sobre el papel. También la traduciría como lluvia. Jorge Luis Borges decía que siempre llueve en el pasado.

    ¿Qué le aporta la poesía?

    Si escribo un poema que me guste, satisfacción. Y para ello es muy necesaria la musicalidad. El soneto, por ejemplo, me parece una composición fantástica, y los cuartetos, y las décimas... Aunque yo no haya escrito mucho en esos registros. No es que me sirva del verso libre, por lo menos no absolutamente, porque valoro mucho que la poesía tenga sentido y se entienda bien. La verdad es que me gustaría que mi poesía influyera en mi vida, pero no sé... Desde luego que mi vida sí influye en ella, porque escribo de cosas que me han pasado.

    ¿Alguna vez se imaginó, de niño, que llegaría a publicar sus poemas?

    No, pero disfrutaba mucho escribiéndolos. A mi padre le apasionaba la literatura y supongo que me lo terminó transmitiendo. Él era abogado y recuerdo que siempre tenía mucho trabajo, pero compraba libros y me leía cosas, sobre todo de Antonio Machado, y yo me las aprendía de memoria. A los cuatro años recitaba algún verso y a los 16, comencé un diario; pero no pensaba que aquello tuviera un valor especial. Escribía, pero era algo muy personal. Tampoco acostumbraba a regalar poemas. En 1996, sin embargo, me decidí a publicar mi primer libro de poesía, que había confeccionado con bastante tiempo, y surgió una serie de poemas que me gustan mucho, creo que los que más.

    Cuando un escritor se vuelca en una hoja en blanco, de una forma u otra habla de sí mismo, ¿no teme que le lean el corazón?

    Cuando empecé a escribir poemas, que era muy joven, pensaba que aquellos versos eran de mi vida. Entonces sí lo temía, pero ese sentido de la intimidad absoluta se pierde con el paso de los años. Escribir es una forma de expresar tu realidad íntima y tu visión del mundo, así que también es importante la comunicación, que la gente valore y disfrute con tu trabajo.

    Sin embargo, en su poema "Ahora", escribió: “Es más cierto que vivo cuando estoy solo”. ¿Realmente lo piensa así?

    Siempre he sido muy independiente. De pequeño jugaba al fútbol, pero no era una de mis grandes aficiones. Me inclinaba por otras actividades, como la lectura, lo que posiblemente me llevó más hacia la soledad, y también mis circunstancias actuales me han dirigido hacia allí. No es una soledad angustiosa ni eremita, más bien es una soledad vivida, de conciencia, amiga. Los monasterios, por ejemplo, me han atraído mucho por su silencio y su espiritualidad, aunque también me gusta pasar tiempo con los amigos, la vida común.

    ¿Recuerda la primera vez que experimentó la soledad?

    Quizá en la adolescencia. Es una etapa un poco crítica, sobre todo con los amigos, porque se empieza a cambiar. Se mezclan los problemas con una edad en que somos bastante sensibles, y a veces esa sensación de encontrarse solo puede venir un poco impuesta. Se experimenta una soledad intensa, pero a la vez te sientes fuerte. Es un proceso. Al fin y al cabo, el hombre es un ser social por naturaleza.

    En sus obras tiende hacia temas parecidos: la soledad, la noche, el dolor... ¿No tiene miedo de cansar al lector?

    No, porque cada uno escribe de una forma y de un contenido específico. Hay poemas de todo tipo, hasta de fútbol y actores. Quizá educamos nuestra sensibilidad según nuestra experiencia. No sé... Igual llega un momento en el que tampoco pides demasiado.

    ¿Hace falta tener un sentido trágico de la vida para escribir bien?

    Es necesario. Hay buena poesía con una visión muy gratificante de la vida, pero la auténtica poesía es algo trágica. Mi estilo es pesimista, una escritura un poco negra, pero ese pesimismo a su vez es realismo. Cuando escribo, lo hago sobre sentimientos que he tenido. No hago una poesía idealista, porque en el fondo resultaría falsa. Se trata de darse cuenta de las cosas reales que nos impactan.

    En uno de sus poemas, "Insomnio de Otero", dice que prefiere escribir de noche, ¿es cierto? ¿Cómo trabaja los poemas?

    Digamos que es una metáfora, en realidad nunca he escrito de noche. Normalmente configuro los versos poco a poco y, cuando descubro hacia dónde pueden ir, los escribo y los dejo reposar. Después de algunos días los releo y trato de estructurarlos mejor, hasta que me convence. Escribo a mano, porque así lo he hecho siempre, y solo utilizo el ordenador para copiar los poemas e imprimirlos.

    ¿Es más partidario de la inspiración o del trabajo?

    La inspiración existe y puede llegar con hechos, personas o incluso poemas, pero me parece más importante el trabajo.

    El ser humano tiene un caudal interior inagotable. ¿Alguna vez ha sentido que el grifo por el que vierte su poesía, se le queda pequeño?

    No, aunque sí ocurre que te desengañas. Cuando escribes mucho, descubres que tus versos no son geniales y que como tú hay tantos otros. No son ninguna maravilla y probablemente, cuando te mueras, tus poemas se irán contigo. Aunque también hay que pensar lo contrario, que algo queda, porque si no, puedes terminar por abandonarla. De todos modos, creo que llegará un día en que la poesía se acabará, porque tiene muy poca tirada. Quienes leen poesía son quienes la escriben: los poetas leen a los poetas. 

    Y ahora que Internet permite acceder a un público mucho más amplio y muy activo, ¿no ha pensado en divulgar su poesía por la red?

    Lo cierto es que eso es algo que me llevan diciendo mis amigos desde hace bastante tiempo. Yo escribo la poesía que se ha escrito siempre, para el papel, porque tratar de difundirla con un blog me parece poco sincero. Es cierto que tiene que llegar a la gente, pero mi poesía estará siempre en los libros, para todo el que tenga interés y quiera acercarse. Por eso, organizo también las presen

    ¿Qué tal resultó la última, de Poemas de La Mancha?

    Muy bien, porque además se presentó en junio, que es un mes que me encanta. Un mes sin nubes, de buen tiempo y de verano. El libro lo escribí el año pasado, después de pasar una temporada en Toledo. Me operaron en el centro especializado en lesión medular y tuve un postoperatorio de dos meses. Fue duro, pero allí surgió la idea de esos poemas. Tienen una visión religiosa de la vida porque coincidió con la Semana Santa y en Toledo se celebra de una forma muy tradicional, con procesiones muy bonitas. Pensé en todo esto y surgieron poemas diferentes a lo que había escrito antes. Nacieron allí, por eso los titulé Poemas de La Mancha.

    El poeta Carlos Baos Galán lo definió en uno de sus prólogos como un “un hombre que respira un sueño”. ¿Tiene muchos? ¿Cuáles son?

    Mis sueños... Me gustaría volver a andar. Parecerá una cosa obvia, pero es un sueño. No he andado durante muchos años. Otro sería encontrar a una mujer que realmente me quisiera, una mujer con la que compartir mi vida. Es algo muy difícil, más aún en mis circunstancias, porque en el fondo ellas son muy prácticas, y un hombre que está así no entra entre sus intereses.

    ¿Y sus miedos?

    Que mi poesía no tenga ninguna transcendencia, que pase completamente inadvertida. Hay mucha gente que teme a la muerte, pero yo eso no lo temo tanto. La muerte me provoca cierta angustia. Yo soy católico y creo en Dios y en la vida después de la muerte, pero la idea de dejar la vida... me inquieta. En cuanto a las personas, lo cierto es que soy bastante confiado. Me gusta pensar que somos esencialmente buenos, aunque, como todo, hay quienes lo son más y quienes lo son menos.

    “Ser feliz es mirar al cielo una agradable mañana y verte reflejado en el sol”, escribió usted. ¿Se ve reflejado en el sol?

    La verdad es que me gustaría, porque para mí el sol es ilusión y te llena de vida.