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  • La Atenas de América sonríe

    Texto Patricia Romero [Diet 03]

    Patricia Romero es nutricionista y tiene su propia consulta en Soria. El pasado mayo se sumó a la inmensa población universitaria de Boston para completar su tesis doctoral.


    Boston [EE.UU.]. Boston fue fundada el 17 de noviembre de 1630. Es una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos y pionera en varios ámbitos: dispuso de la primera red de metro, acogió la primera escuela pública de Estados Unidos (la Escuela Latina de Boston, de 1635) y fue la sede de la primera universidad: Harvard College (1636), en la vecina Cambridge.

    Mi experiencia americana comenzó en el tercer International Inmunonutrition Workshop, organizado por la doctora Ascensión Marcos en octubre de 2009. Allí asistí a la conferencia de Simin Meydani, directora del HRNCA–Tufts University. La ciencia que exhibía, su espíritu y su ilusión me cautivaron. Siete meses más tarde, tras mucho papeleo y trabajo para dejar organizada mi consulta en Soria, me incorporé al departamento de Epidemiología del HNRCA-Tufts University como estudiante visitante. 

    El objetivo de mi estancia –desde mayo hasta octubre– era buscar colaboración para la parte estadística de mi tesis doctoral, dirigida en Zaragoza. Pero estos cinco meses me han enriquecido profesionalmente mucho más. América brinda oportunidades y facilita herramientas a quien quiere trabajar: apenas había llegado y desde el departamento ya me inscribieron en cursos de estadística, journal clubs, cursos de epidemiología y seminarios. Pero además, semanalmente, me fueron ayudando con mis datos. 

    Boston es también considerada como “la Atenas de América”, un apodo que se debe en buena medida a la enseñanza y las actividades de investigación de sus más de cien universidades, ubicadas en la Greater Boston Area. Sólo en Boston y Cambridge hay más de 250.000 estudiantes. Aquí están situadas muchas de las mejores universidades y profesores del mundo, como la Universidad de Boston, Harvard College, Cambridge College, Massachussets Institute of Technology (MIT) o la Universidad de Tufts.

    De la mano del director del departamento de Epidemiología, el doctor Jacques, conocí a grandes investigadores y profesores como el doctor Selhub, el doctor Ordovás, la doctora Garaulet o el doctor Rosenberg. Lo que más admiro de ellos, además de sus conocimientos y carrera profesional, es su cercanía, su disponibilidad, sus palabras de ánimo y apoyo, cómo transmiten ilusión, paz y fuerza, su actitud positiva ante el trabajo y cómo disfrutan haciendo y compartiendo ciencia. El ambiente universitario que se respira es excepcional y relajado. 

    Sinfonía de estilos. Aunque todo este aprendizaje me ha supuesto mucho tiempo, también he podido visitar y disfrutar de la ciudad, de su gente y de sus actividades. Pasear por la “Nueva Inglaterra” es maravilloso: sus avenidas amplias y cuidadas, sus parques tranquilos y agradables, los puentes que cruzan el río Charles y comunican Cambridge con Boston, etcétera. Pero si hay un lugar entrañable, ese es la Copley Square. Está situada entre dos grandes arterias de la ciudad: la Calle Boylston y la Avenida de St James, resguardada por los dos grandes gigantes bostonianos: el modernísimo rascacielos de sesenta pisos y paredes de cristal, John Hancock Tower, y el Prudencial Center, diseñado por Charles Luckman. Pero además, la plaza Copley supone un importante conglomerado de buena arquitectura. Allí se encuentra la prestigiosa biblioteca pública de estilo neo-renancentista, propuesta por Chales Follen; el Copley Plaza Hotel, obra del arquitecto Henry Janeway Hardenbergh, construido en piedra caliza y ladrillo resistente al agua en estilo Beaux-Arts; la Old South Church of Boston, diseñada por la firma Cummings en estilo gótico veneciano; y la Iglesia de la Trinidad, en estilo románico, de Richardson. Todos estos estilos arquitectónicos se entremezclan melódicamente para componer una de las plazas más bonitas y cultivadas de toda América. Boston es una ciudad multicultural y colorida. Según el censo de 2010, el 28% de la población es extranjera: hay europeos, asiáticos, chinos, latino-americanos y vietnamitas, principalmente. Conviven más de doscientos idiomas y tienen representación más de ochenta países diferentes. Esto se refleja continuamente en el día a día, en las calles, los restaurantes, las clases, la universidad, etcétera. Un ejemplo fue mi clase de Estadística: éramos quince alumnos, cada uno de un país distinto, y sólo el profesor era americano. Mi grupo de amigos es diverso: hay ingleses, rusos, austriacos, americanos, mexicanos, españoles y franceses. 

    La comida americana me ha supuesto todo un reto. Como anécdota recuerdo que, cansada de comer pasta y carne todos los días, pedí en el comedor legumbre. Al día siguiente habían preparado lentejas viudas hervidas aliñadas con ketchup. Otro día pregunté si podían poner verdura al vapor y pusieron brócoli, pero crudo y en el buffet de ensaladas… 

    La sonrisa de América me fascina. Casi todas las personas con las que me cruzo cada día, sonríen. Conozco a algunas de vista, de pasar todos los días a la misma hora por el mismo sitio. A otras no las he visto nunca, pero todas sonríen; y si coincides en el ascensor, siempre te desean un buen día con una luminosa sonrisa. 

    Todos los estudiantes que venimos a Boston visitamos la estatua de John Harvard. Le pedimos por nuestra graduación, como si fuésemos al Monte de Piedad. Espero ser doctora muy pronto y empezar mi carrera investigadora con ilusión y optimismo: cuidando mi consulta, tratando siempre de acercar a mis pacientes el mejor y más avanzado servicio y tecnologías del momento. En definitiva: en el futuro deseo seguir cultivando mi humanidad, mi buen hacer y mi sonrisa diaria.


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