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  • “Me hacía ilusión ser parte de las Olimpiadas, sentir que estaba aportando mi granito de arena”

    Texto María Eugenia TamblayFotografía Cedidas

    Durante dos semanas, Elena Gortari cambió la credencial de uno de los principales hospitales de Londres por la camiseta de voluntaria de los Juegos Olímpicos.


    ¿Cómo llegaste a convertirte en voluntaria en las Olimpiadas?
    Fue gracias a mi jefe en el University College London Hospital. Él estaba muy involucrado en el diseño de los servicios de farmacia de los Juegos Olímpicos y me empujó a apuntarme. Hace dos años nos informó, a mis compañeros y a mí, de que se había iniciado la búsqueda de voluntarios y cuatro miembros del equipo nos animamos a presentarnos. Entre las 1.400 solicitudes procedentes de todo el país, finalmente escogieron un centenar de candidatos. Las entrevistas se llevaron a cabo en mayo de 2011 y cuatro meses más tarde, en octubre, nos comunicaron que nos habían seleccionado.  

    ¿En qué consistió la preparación?

    El proceso de formación comenzó en enero. En un primer momento los contenidos fueron comunes para todos los voluntarios y después se centraron en cuestiones específicas para los farmacéuticos. Los voluntarios recibimos clases presenciales y por ordenador, a través de programas que se diseñaron pensando en las Olimpiadas. Se abordaron temas de dopaje y antidopaje; medicinas que están o no permitidas, fuentes de referencia, dónde buscar fármacos de otros países, entre otros.

    ¿Cuál fue tu motivación para presentarte como voluntaria?

    Me hacía ilusión ser parte de las Olimpiadas. Me interesaba vivir esa experiencia de manera especial, comprobar cómo funciona todo por dentro, los entresijos de la organización, y no solo contemplar el evento deportivo desde el televisor como una espectadora más. Pensé que sería la única oportunidad que se me podría presentar en la vida de participar en los Juegos y sentir que estaba aportando mi granito de arena.

    ¿Se cumplieron tus expectativas?

    Disfruté mucho más de lo que me imaginaba. El ambiente era estupendo dentro del equipo de farmacia: todos estábamos muy motivados, realmente encantados por estar ahí, por tener la suerte de vivir esa experiencia… e intentamos exprimirla al máximo. Una de mis compañeras había viajado desde Australia solo para ser voluntaria. Y yo, como la mayoría, cambié mis planes de verano y dediqué mis dos semanas de vacaciones para colaborar en la gran cita de Londres.

    La ciudad se transformó por completo…

    El ambiente que vivimos durante esas dos semanas fue único. Todos compartíamos una misión común. Para mí, que nací en Pamplona, era como si, de repente, hubiese estallado el cohete y fuese 6 de julio: sonrisas, palabras amables y agradecimientos. Cuando todo volvió a la normalidad, como el día después del ‘Pobre de mí’, la canción que cierra las fiestas de San Fermín, por las calles se respiraba una gran tristeza.

    La entrevista continúa en pdf.