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  • El gigante de Asia desde dentro

    Texto y fotografías Leire Onieva Iturgaiz

    Leire Onieva Iturgaiz [Com 13] ha realizado prácticas en la Cámara de Comercio Española en Cantón becada por el Gobierno de Navarra. Aprender mandarín ha sido uno de los retos que ha tenido que afrontar.

    —La tercera ciudad más grande de China. Cantón cuenta con más de tres millones de habitantes, pero la cifra de residentes en el área metropolitana asciende a 17 millones.

    Guangzhou [China]. Cuando me preguntaban sobre ciudades chinas, Pekín y Shanghái, las más famosas y pobladas del gigante asiático, eran las primeras que me venían a la cabeza. En cambio, si me hablaban de Guangzhou (Cantón), en el sur de China, no sabía qué decir.  Por eso, al decantarme por ella para realizar las prácticas del Programa de Internacionalización de Navarra me lancé a la aventura; realmente en mi mente solo sobrevolaban ideas vagas y preconcebidas sobre este continente y sus habitantes.

    Guangzhou, ubicada en la provincia de Guangdong y a 182 kilómentros de Hong Kong, es la tercera ciudad más grande de China y cuenta con 3 150 000 habitantes. Pese a ello, la cifra de residentes alcanza los diecisiete millones en toda el área metropolitana, casi la mitad de la población española. Asimismo, en toda la provincia de Guangdong viven unos cien millones de personas; el doble que en nuestro país.

    El término Guangzhou significa «lugar ancho donde se encuentran islotes en el río» y hace referencia al tercer río chino más largo, llamado Perla, que rodea esta gran urbe. El símbolo local es la cabra. Cuenta la leyenda que esta era una tierra estéril y que su gente sufría hambre, hasta que un día aparecieron cinco genios montados sobre cinco cabras y tocaron una canción para proporcionar arroz a toda la población. Sus cabras se convirtieron en roca y los genios desaparecieron para siempre, pero Guangzhou se transformó en una ciudad rica y próspera. En su honor hay varios monumentos en uno de los parques más populares de Guangzhou: Yuexiu Park, parada turística obligatoria. 

    Aterricé un Guangzhou el 1 de septiembre para trabajar en la Cámara de Comercio Española. Las cuatro primeras noches me alojé en un hotel hasta que Daniela Gracia, mi jefa, me ayudó a buscar piso. Es caro pero estoy encantada con mi casera, que es china, y mi compañera Beatriz, de Almería. 

    Como Communication Executive me encargo de redactar y difundir comunicados y boletines informativos en inglés y español entre las empresas españolas socias de la Cámara. Publicar información en Wechat (el Whatsapp chino), subir las fotos de los diferentes eventos a la plataforma Flickr, diseñar folletos y organizar eventos son otras de mis funciones. La verdad es que no tardé en adaptarme gracias a mi experiencia formativa en la Universidad y a las prácticas en el gabinete de Comunicación de la Universidad del País Vasco.

    Vivir en la oficina

    Una de las cosas que más me ha llamado la atención es la importancia que dan en China al trabajo y, especialmente, a ganar dinero y vivir bien. Mi segundo lunes en la oficina pregunté a mis compañeras chinas cómo les había ido el fin de semana y respondieron: «¿Qué? Nosotras hemos trabajado». No les importa estar ocupadas hasta los domingos, algo que en España sería impensable.

    Para progresar en el país asiático no te queda otra que dar lo mejor de ti tantas horas como sean posibles. Conviven mil cien millones de personas y la competencia que se siente para conseguir un buen puesto es brutal. Hay muchas diferencias entre los empleados de comercio o y los de oficina. Mientras que los primeros mantienen sus locales abiertos las veinticuatro horas, la jornada de los otros recuerda a la europea: de lunes a viernes, de 9 a 18:30;  no obstante, el Gobierno chino les obliga a desempeñar sus tareas el fin de semana previo y posterior a una festividad, como el Día Nacional de la República Popular China (a principios de octubre) y el Año Nuevo Chino (en febrero).

    Otro aspecto laboral que también me ha sorprendido es que los chinos son más lentos y tranquilos que nosotros. Están dispuestos a permanecer en la oficina hasta las diez de la noche, con independencia de si terminan sus objetivos diarios o no. Sin embargo, nosotros llegamos a hacer todo lo que nos habían mandado en menos tiempo porque no nos entra en la cabeza pasar todo un día metidos en la «cueva», ni echar la siesta en la empresa. 

     

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