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  • Carta desde... Odense (Dinamarca)

    Texto y fotografías Pilar Menéndez Gil

    Pilar Menéndez Gil [Bio Bqm 13] lleva dos años viviendo en Odense, donde ha realizado un Máster en Biociencia Molecular en la Universidad del Sur de Dinamarca y ahora trabaja de asistente de investigación.


    Odense [Dinamarca]. Estoy viviendo en el país más feliz del mundo. Al menos así lo consideró el World Happiness Report publicado en 2013. Sus autores —John F. Helliwell (University of British Columbia), Richard Layard (London School of Economics) y Jeffrey D. Sachs (Columbia University)— concluyeron que Dinamarca es el lugar del mundo donde un mayor porcentaje de la población se siente satisfecha con su vida.

    La pregunta es obvia: ¿Qué tiene este país nórdico que lo hace tan especial? Desde luego, y como he podido comprobar, no son las condiciones meteorológicas: el viento y la lluvia son casi constantes y las horas de luz varían desde ocho horas en invierno hasta dieciséis en verano. Los factores que lo coronaron en el primer puesto de esta clasificación son seis: un alto PIB per cápita, una esperanza de vida saludable al nacer, la falta de corrupción en sus líderes, una sensación de apoyo social, la libertad de hacer elecciones de vida y una cultura basada en la generosidad.

    Dinamarca está compuesta principalmente por islas (443, de las que solo 79 están habitadas) y una península que hace frontera con Alemania. Es el país más pequeño y más al sur de las regiones nórdicas y su población no supera los seis millones de habitantes. No obstante, su capital, Copenhague, es la más grande de Escandinavia.

    Aunque la vida aquí pueda resultar cara en comparación con España, los salarios daneses se encuentran entre los más altos de Europa. También poseen un alto nivel de impuestos, pero se invierten en desarrollo social para fomentar la igualdad entre los ciudadanos. Un ejemplo. Estudiar en la universidad no solo es gratis, sino que además se conceden ayudas a todos los alumnos. Unas ayudas que se ven incrementadas para aquellas mujeres que quieran tener hijos durante su etapa de formación.

    Los daneses valoran mucho el hogar. En sus horas libres, aprovechan para reunirse con su familia, sobre todo para cenar, la comida principal del día. Su jornada laboral, que generalmente se desarrolla de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, es bastante flexible. Además de diversas medidas para fomentar la natalidad, Dinamarca permite que las mujeres puedan tener una carrera profesional y una familia, sin tener que sacrificar una de las dos. Este país no solo fomenta la igualdad entre ciudadanos sino también entre sexos.

    Yo vivo en Odense, la tercera ciudad más grande de Dinamarca. Está situada en la isla de Fionia, a una hora y media de Copenhague. Después de una primera experiencia en la ciudad gracias al convenio Erasmus que la Facultad de Ciencias tiene con la Universidad del Sur de Dinamarca, decidí volver. En esta ocasión para cursar el Máster en Biociencia Molecular, con el apoyo de una beca de La Caixa para estudios de posgrado en universidades europeas. A finales de octubre defendí mi proyecto fin de máster, y unos días más tarde comencé una nueva etapa en este centro académico como asistente de investigación.

    Mi idea es continuar con mi estudio sobre la bacteria causante de la listeriosis —una infección que puede ser letal en humanos en el 30 por ciento de los casos— y publicarlo. Además, tendré la oportunidad de colaborar en otros proyectos e intentaré buscar financiación para realizar un doctorado. Aunque mi contrato termina en agosto, no me importaría alargar mi estancia en Dinamarca un tiempo más, ya que las condiciones laborales son excelentes.

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