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  • Becarios Alumni: un ejemplo de superación

    Texto Rocío del Prado [Com 15] / Fotografía Adolfo Suárez [Com 15] y Manuel Castells [Com 87]

    Ellos ponen el talento, el esfuerzo y las ganas de mejorar el mundo. El Programa de Becas Alumni, los recursos económicos necesarios para que más de ochocientos estudiantes se hayan formado en la Universidad desde 2003.


    Hace doce años, cumpliendo una aspiración del fundador de la Universidad de Navarra, san Josemaría Escrivá, nació el Programa de Becas Alumni. Este proyecto consistía en promover entre los antiguos alumnos un programa de ayudas para que estudiantes con buenas cualidades humanas y académicas, pero sin posibilidades económicas suficientes, pudieran estudiar en la Universidad de Navarra. 

    Natalia Couto [Pedg 00], directora del Programa, hace un balance positivo de su desarrollo a lo largo de más de una década. «No solo hemos evolucionado —el importe medio de cada beca se ha incrementado un 50 por ciento en los últimos seis años—, sino que hemos puesto en marcha en España una iniciativa innovadora. Nuestro programa ha sido implantado en otras universidades. Hemos abierto un panorama nuevo en nuestro país, donde la cultura de la donación y las becas aún no se ha consolidado».

    La marca distintiva de este proyecto, además del talento o las cualidades humanas de sus participantes, es su carácter solidario. «Cuando entran a participar en el programa de becas, comienzan a formar parte de una cadena de solidaridad», explica Couto. En esta cadena, los estudiantes adquieren un compromiso moral  para que el proyecto continúe en el futuro. Es el caso de Blanca Rodríguez [His Com 15], recién licenciada que, al conseguir su primer empleo, ha empezado a colaborar con el programa de becas, para que otros puedan tener la misma oportunidad que ella. 

    Además de este compromiso, los becarios se esfuerzan por mantener una nota media concreta en la carrera y durante los dos primeros años viven en un colegio mayor, donde adquieren una formación humana que complementa sus estudios. «Resulta muy enriquecedor lo que se aprende gracias a la convivencia con otros colegiales», explica Carlos Corrales [His Com 15], antiguo decano del Colegio Mayor Mendaur y becario alumni graduado el pasado curso.

    Aunque es un programa exigente, en el que se ofrece una excelencia académica y una formación integral, Couto no duda cuando se le pregunta el criterio de selección de estos alumnos: «Normalidad. Este programa está dirigido a todo tipo de personas con capacidad para enfrentarse a estudios universitarios cuyo último recurso para poder formar parte de esta Universidad es la Beca Alumni. No importa su lugar de nacimiento o el grado que quieran cursar».

    Trescientos seis eslabones de la cadena

     Este año trescientos seis estudiantes de dieciséis países de Europa y América participan en el Programa. Detrás de estos alumnos, repartidos por las aulas de los campus de Pamplona y San Sebastián, palpitan historias inverosímiles y otras más discretas. «Pero todas ellas —cuenta Natalia— son un ejemplo de superación diaria». 

    El trato continuo con los becarios ha llevado a la directora del Programa a conocer de primera mano muchos testimonios. «Vienen a compartir conmigo sus preocupaciones, pero también sus éxitos. No tiene precio. Su superación, alegría y entusiasmo me hacen rejuvenecer», subraya Couto.

    Entre esas historias se encuentra la de Ítalo Anthony Guamán, un joven ecuatoriano de Riobamba, una población situada en la cordillera de los Andes. Su familia había vivido durante diez años en España, pero la crisis económica hizo que Anthony, el mayor de tres hermanos, y su madre decidieran volver a su ciudad natal. Su padre, sin embargo, se quedó en Alicante para ayudarles en todo lo que fuera posible. En ese momento, Anthony nunca pensó que volvería a España. 

    En 2013, al terminar bachillerato, conoció el Programa de Becas Alumni. «Cuando supe que existía la posibilidad de estudiar en la Universidad de Navarra no me lo pensé dos veces. Ha supuesto una oportunidad para mí, pero también una esperanza para toda mi familia de empezar de nuevo; espero poder contribuir a que estemos juntos aquí otra vez», señala.

    La historia de Anthony es uno de los muchos ejemplos de cómo se ha hecho realidad la ilusión de san Josemaría: que ninguna persona deje de estudiar en la Universidad de Navarra por limitaciones de recursos económicos.

    Desde la puesta en marcha de las Becas Alumni en 2003, el fondo destinado a estas ayudas ha ido creciendo hasta alcanzar los 2 349 765 euros. Pero el fin que se persigue implica también aumentar el número de becas concedidas. Con los ciento diecinueve nuevos alumnos que se incorporaron al programa en septiembre, son más de trescientas las personas que disfrutan de una beca este curso. «Nuestro próximo objetivo consiste en sobrepasar pronto el medio millar, de forma que cada año puedan aceptarse más solicitudes», apunta Natalia Couto.

    Para algunos estudiantes, como Anthony Guamán, la Beca Alumni no es un simple apoyo económico, ni un mero golpe de suerte: «A veces los milagros no vienen directamente del cielo, sino a través de personas como los donantes, que ayudan a quienes, por razones de la vida, ven limitadas sus oportunidades». 

     

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